Si bien el ritmo de la inflación en la Argentina se ha acelerado en el último periodo, y existe un incipiente repudio del peso, la inflación todavía responde a los patrones clásicos, siendo básicamente un fenómeno monetario. Si la suba de los precios es generalizada, no puede decirse que ya esté en una fase de sincronización al dólar, como ocurrió en otros episodios del pasado.

Así, más allá del telón de fondo del "exceso de pesos", se tiene todavía un panorama de precios sectoriales que responden a sus peculiaridades. Precios de bienes que son comercializables internacionalmente, y que por lo tanto responden a la evolución de los precios externos y, al mismo tiempo, a interferencias de distinto tipo al comercio exterior del país, dados los cupos, impuestos y restricciones existentes tanto para las exportaciones como las importaciones. 

También siguen pesando las regulaciones existentes para la fijación de precios en el mercado interno (caso de las tarifas), así como el freno que le define a la suba de precios la falta de poder adquisitivo de la demanda. Una forma de mostrar esas disparidades es llevar a tipo de cambio oficial los precios de bienes y servicios encuestados por la dirección de estadística de CABA. Así, organizando los datos de ítems seleccionados, se tiene que para el grupo de bienes “protegidos”, esto es, para aquellos bienes cuya importación no es libre, los precios en dólares están por encima del promedio de 2012 a la fecha.

A su vez, los bienes y servicios domésticos tienen una dinámica diferente distinguiendo entre regulados y no regulados. Los primeros se encuentran muy por debajo de los precios promedio en dólares de la última década, mientras que los no regulados han comenzado a converger al promedio. Es decir, si hay una tendencia a la “dolarización” de los precios, ésta se encuentra asociada, por el momento, a los mercados que no están regulados, ni por precios “políticos” ni por excesivas trabas al comercio exterior.

Autos, pasajes en avión y electrónica, cuánto subieron 

Una prueba de las distorsiones que subsisten se obtiene de la comparación del precio en dólares de abril de 2022 vs el promedio de julio 2012/abril 2022 para ítems seleccionados de bienes y servicios. La brecha de precios en relación con el promedio de la última década va desde el encarecimiento en dólares de los autos, que fue del 62 %, hasta el abaratamiento del 43 % en el Suministro de agua.

Indumentaria, pasajes de avión y electrónica también se han encarecido en dólares, aunque menos que los autos. Del otro lado, también hay un significativo abaratamiento en dólares de gas, electricidad y alquileres. Si se compara abril con el promedio de 2019 (no con la última década), estas brechas no cambian en forma significativa en términos cualitativos, ya que el ordenamiento del ranking se mantiene en términos generales.

Pero la modificación si es importante en términos cuantitativos, ya que la dispersión se acentúa: contra 2019, en abril de 2022 los autos se han encarecido un 98% en dólares (tipo de cambio oficial), la indumentaria un 68 % y un 50 % los electrodomésticos y los pasajes de avión. En el otro extremo, el agua se ha abaratado un 55 % en dólares, la electricidad un 42 % y el gas un 40 %, siempre tomando los índices de CABA (en el interior del país los guarismos son diferentes).

Precio de alimentos y bebidas 

Por su parte, Alimentos y Bebidas, que en la comparación con la última década mostraba un encarecimiento en dólares de 8 puntos porcentuales, acentúa el fenómeno de la “inflación en dólares” en la comparación puntual con 2019, ya que la diferencia de abril 2022 con ese año alcanza los 34 puntos porcentuales. Un ítem intensivo en trabajo y, por ende, en el que los precios están fuertemente asociados a los salarios, es el de “Cuidado Personal”. En este caso, la comparación con los últimos diez años muestra un “abaratamiento en dólares” de 7 puntos, pero si la referencia es 2019, se ha encarecido en moneda dura en un 9 %.

La comparación con 2019 no es arbitraria, ya que nos remite a la situación precovid, siendo que, además, fue un año de cierto equilibrio en la cuenta corriente del balance de pagos (con un déficit de -0,8 puntos del PIB) y, sobre todo, de bajo déficit primario del sector público (-0,5 puntos del PIB), explicado por el hecho que los subsidios a las tarifas de electricidad, gas y transporte había sido acotado a 1,6 puntos del PIB. La disparidad en la evolución de precios se da en un contexto en que el tipo de cambio oficial se viene atrasando desde mediados de 2021, a pesar del aumento en el ritmo devaluatorio nominal de los últimos meses.

En resumen, los datos aportados ponen el foco en un severo desafío para la economía argentina. Queda en evidencia que corregir las distorsiones de precios relativos, un paso imprescindible para cualquier plan de estabilización futuro, implica ir mucho más allá de atender la relación dólar/peso, siendo cada vez más relevante la política de subsidios y tarifas de los servicios públicos y el funcionamiento del comercio exterior, hoy muy afectado por la aplicación de un gran número de restricciones.

* Ieral-Fundación Mediterránea