Tres datos. La actividad económica continúa, con datos a febrero, 2,4% por debajo de los niveles prepandémicos. Al mismo tiempo, en el primer trimestre el gasto primario, herramienta con la que se podría combatir la fuerte contracción económica, creció solo 0,6% respecto al primer trimestre del año pasado. En el medio, una inflación que desaceleró en el pico de la recesión y después pegó un salto a medida que se fue reactivando, con un incremento de 4,8% en marzo.

Con la inflación y la expectativa inflacionaria creciendo, está en pleno auge el debate acerca de si las causas del fenómeno son, o no, monetarias. No se trata de una mera discusión teórica sin consecuencias, ya que el ajuste fiscal, que se deriva de la creencia de que la suba de precios es por la emisión, limita aun más a una recuperación económica ya de por sí trabajosa, más allá de que el ritmo del repunte no difiere demasiado al del resto de los países de la región. 

Un informe reciente del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) se refirió a esta disyuntiva. Si los ortodoxos tienen razón, expandir el gasto fiscal obligará al BCRA a realizar más envíos de pesos al Tesoro. Con el de 55.000 millones del jueves pasado, van 190.000 millones en lo que va del 2021, apenas un 0,5% del PBI, frente a una meta de 4,5% de financiamiento monetario a lo largo del año. Con más envíos al Tesoro, la inflación se dispararía aun más, en lugar de desacelerar a partir de abril, tal como se espera. La suba de precios derrumbaría aun más lo salarios y la actividad económica retrocedería.

En cambio, si los heterodoxos tienen razón, el ajuste fiscal y monetario no traerá beneficios antiinflacionarios, ya que las causas de las subas de precios son la inercia, el tipo de cambio, los precios internacionales de los commodities, la recomposición de márgenes de las empresas y la propia reactivación económica. Y en algo coinciden los análisis tanto heterodoxos como ortodoxos: la inflación ya comenzó a desacelerar en abril. En cambio, el ajuste sí tendría un costo grave, que es estirar la recesión.

El ajuste fiscal tiene costos en la recuperación del ingreso

El informe del CESO señaló al respecto: "Hacia adelante, no se perciben factores que continúen acelerando los precios y todo indica que paulatinamente deberían moderarse los indicadores mensuales. Exagerar el rol del ancla fiscal en este contexto puede profundizar los costos a cambio de un muy limitado aporte a la dinámica inflacionaria".

La investigación incluyó un gráfico que cruzó la dinámica de la emisión monetaria, incluyendo un rezago de 9 meses en línea con el argumento ortodoxo, con la inflacionaria. Así se observó que no hay demasiada correlación: en 2011-2013 la emisión (siempre con 9 meses de rezago) va muy por encima de la inflación y nunca hay una disparada de los precios, cepo mediante. También, en 2019, la inflación llega a un pico histórico de 57% interanual, inédito desde la salida de la híper en 1991, con un ritmo de emisión (9 meses antes del pico inflacionario de 57%) muy inferior. 

Incluso con la emisión monetaria récord del 2020 pandémico, cuyo epicentro fue hace  alrededor de 10 meses, la inflación pegó un fuerte salto pero no alcanzó los niveles del 2019, que fue un año de fuerte ajuste monetario y fiscal, bajo la lupa del FMI.

La opinión de los ex ministros de Cambiemos, Lacunza y Caputo

El informe del CESO citó las participaciones en Twitter de dos ex integrantes del equipo económico de Cambiemos: "Hernán Lacunza afirmó: 'La inflación del verano-otoño 2021 se gestó en la emisión del otoño-invierno de 2020'. Antes, en una entrevista sostenía: 'Ponele que tengas una pandemia como la que tuviste el año pasado o tengas una inercia como la que tuvo el gobierno anterior que su punto de partida fue muy deficitario, ¿cómo lo financiás? Emitiendo pesos, que es inflación más temprano que tarde'. Luis Caputo, afirmó: 'Nosotros en vez de solucionar el problema de origen, insistimos en solucionar sus consecuencias. Entonces reestructuramos la deuda, al dólar le ponemos cepo, y a la inflación, precios máximos. Pero seguimos con el déficit y después nos sorprendemos porque nada mejora'".

Y remató: "El argumento esbozado por Lacunza y Caputo es un argumento sencillo que identifica una única causa y por ende propone una única solución: el ajuste fiscal. Sin embargo tiene serias limitaciones para comprender cabalmente el problema inflacionario en la Argentina actual".

En abril empieza a desacelerar la inflación

Por su parte, el director de la consultora C&T Asesores Económicos, Camilo Tiscornia, destacó que la inflación de marzo fue, además de fuerte, anormal. Señaló además: "Va a ir bajando, en abril apunta a 3% o 3,5%, porque el Gobierno frenó el dólar con fuerza en febrero, marzo y ahora en abril. Más aun si se pincha la actividad. Desde fines del 2020, los indicadores monetarios no vienen aumentando mucho. Hay un esfuerzo por contenerlo. El tema fue el salto del año pasado. Esa emisión está dando vueltas y en algún momento pasa a precios. Por más que se controle el dólar, es indiscutible que lo monetario tiene efecto en los precios". 

Y agregó: "En 2020 se duplicó el M2, con una inflación de 36%. Cuando se cerraron actividades hubo una euforia por la baja en la inflación, pero va de la mano con la actividad. Cuando empezó a andar la economía, la inflación arrancó de vuelta. Es el caldo de cultivo de la emisión. Ya el mismo año pasado tuviste una recesión de 10% y una inflación de 36%. Eso es una locura". 

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Mariano Cuparo Ortiz

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