El precio del petróleo de la variedad WTI, cuyo contrato contempla la entrega física del producto en medio de una crísis sin precedentes por la falta de capacidad de almacenamiento provocada por la caída del consumo a nivel mundial, escaló 48 dólares y cerró a 10 dólares por barril, con una suba de 126,6%, tras otra jornada de alta volatilidad en el mercado de hidrocarburos y donde el valor del Brent londinense se ubicó debajo de los 20 dólares, mostrando una caída de 22,3%.

Tras la debacle de la víspera, los contratos para entrega en mayo, que finalizó hoy, comenzaron a trepar en sus precios, luego de que el secretario de Energía de los Estados Unidos, Dan Brouillette, afirmara que irá "al Congreso para que apruebe una recomposición de las reservas estratégicas". Sin embargo, no parece avizorarse un levantamiento del aislamiento que mantiene encerrada a gran parte de la humanidad, con las aerolíneas y las industrias sin funcionar, ya que el precio del petróleo para los contratos con entrega en junio cotizó por debajo de los 12 dólares, el valor más bajo desde 1.999.

Según datos de la firma Kpler, que monitorea buques petroleros en el mar a través de imágenes de satélite, el volumen de petróleo colocado en barcos para esperar mejores tiempos aumento un 25% en marzo. Según reveló la BBC hay 10 millones de barriles de petróleo por las aguas del mundo, cerca del 10% del consumo diario mundial en tiempos normales.

La mejora en el precio a mayo se produjo luego de que el presidente Donald Trump dijera que era necesario aumentar las reservas estratégicas de petróleo en unos 75 millones de barriles que es un equivalente al consumo promedio de cuatro días en los Estados Unidos.

La baja del petróleo encuentra una de sus causas en la falta de capacidad de almacenamiento en los Estados Unidos. Se espera que en el término de 10 días, el principal centro de distribución de petróleo, ubicado en Cushing, Oklahoma, se encuentre repleto.

La escasez de espacio de almacenamiento, que también golpeó a la Argentina, y una dramática caída del 30% en la demanda mundial de combustible llevó a muchos fondos especulativos a desarmar sus posiciones apalancadas en los futuros, y el descenso de los precios se trasladó a junio.

Bajo este marco, Donald Trump pidió este martes al Capitolio que ponga fondos a disposición de la industria de petróleo y gas de Estados Unidos y calificó el colapso de la víspera como una "restricción financiera".

La reservas estratégicas se encuentran enterradas en un vasto desierto entre Texas y Luisiana y actualmente tiene alrededor de 635 millones de barriles.

Brouillette dijo que "el gobierno tiene el mandato legal para expandir las reservas estratégicas de energía hasta 1.000 millones de barriles", pero expandir las reservas a ese nivel probablemente requiere de más financiación que deberá aprobar el Congreso.

La administración Trump teme que la actual caída de precios y la falta de almacenamiento adicional pueda llevar a una parálisis a la industria petrolera que opera en yacimientos de hidrocarburos no convencionales.

En Texas, sin embargo, los reguladores de petróleo y gas declinaron obligar a los productores a reducir la producción de petróleo.

El principal exportador de petróleo, Arabia Saudita y líder de la Organización de Países Exportadores de Petróleo ( OPEP), dijo que estaba listo para tomar medidas adicionales para estabilizar los mercados petroleros junto con otros productores que están por fuera del cartel.

Por su parte, Rusia que acordó con los árabes una tregua de precios y una reducción en la producción diaria de unos 9 millones de barriles de petróleo para el período mayo-junio, anticipó que "aún cuando no entró en vigencia el acuerdo, podemos volver a sentarnos a la mesa y negociar recortes adicionales".