PERSPECTIVAS 2026

Desafío 2026: concretar la estabilidad, volver a desinflar y empezar a crecer

El 2025 fue un año de inestabilidad cambiaria, con sostenido rojo externo, dos salvatajes históricos del FMI y EE.UU., una inflación resiliente y un PBI algo tímido

Un 2025 de persistente ajuste y equilibrio fiscal, con fuertes recortes del gasto en áreas sensibles, pero baja de impuestos para los sectores de mayores ingresos, terminó con las históricas imágenes de dos salvatajes sucesivos, uno en abril a cargo del FMI, que dejó USD14.000 M, y otro inédito en septiembre, a cargo del Tesoro de EE.UU., que dejó por ahora otros USD2.500 M. 

A la imagen de adalid contra el desequilibrio macro del Gobierno le faltó la pata externa que, con sostenido atraso cambiario, mantuvo un firme rojo de cuenta corriente, salvo en los meses en los que dominó la promesa del fin de los programas de bajas de retenciones.

Esa falta buscará ser cubierta a lo largo del 2026: el Gobierno ya se comprometió a evitar el atraso cambiario relativo y el techo de las bandas ajustará por IPC. Además, buscará aprovechar ese escenario de freno en la caída de la competitividad para comprar reservas, lo que podrá poner en riesgo las velocidades de la desinflación y la reactivación económica. 

Fueron dos tópicos que marcaron al 2025 por las sensaciones de ilusión inicial y algo de desencanto desde mayo en adelante. El atraso cambiario que corría en paralelo a esa altura del año modeló esos deterioros en lo vivido y en las expectativas.

De hecho, la actividad económica llegó a marcar expectativas de crecimiento del 5,2% para el PBI promedio del 2025 durante mayo, según el REM de aquel mes, tras un buen primer bimestre y un salvataje del FMI que prometía acomodar las dificultades de marzo. 

Con un arrastre estadístico del Emae del 4,2%, se trataba de perspectivas optimistas. Debía haber algo de crecimiento legítimo para llegar, desde el piso estadístico del 4,2%, hasta el 5,2% que la esperanza marcaba. Similar escenario se observaba en mayo para la dinámica de precios. El IPC venía en firme desaceleración, pese al tropezón de marzo, hasta su punto mínimo del 1,5% ese mismo mes. Hacia adelante el REM proyectaba una permanencia en niveles similares.

Ambas ilusiones se rompieron desde entonces, más allá de que los números no marcaron un escenario de catástrofe. La inflación no volvió a desacelerar desde entonces. El IPC llegó al 2,5% en noviembre y se espera algo similar en diciembre. La actividad económica creció apenas 0,4% entre mayo y octubre y el último REM espera que el año termine con una suba del PBI de 4,4% promedio, casi totalmente explicada por el arrastre estadístico. 

Ambas variables, actividad y precios, deparan incertidumbre: el Gobierno afirmó que priorizará comprar reservas, algo que por cierto era demandado por el mercado y que agregará algo de demanda de divisas, al tiempo que implicará no más ancla cambiaria.

Entre aquel inicio de año auspicioso y el último trimestre algo más áspero, en el medio el atraso cambiario, clave en la estrategia oficial para desinflar, y el rojo externo, que obligaba al BCRA a vender divisas a niveles crecientes y daba señales de reservas netas en sostenida baja, rompieron el rebote de la economía y la desinflación que el Gobierno venía celebrando desde mediados del 2024. 

El ITCRM del BCRA, indicador de competitividad cambiaria, cerró en 79,2 puntos el día previo al acuerdo con el FMI, nivel similar al del 10 de diciembre del 2023, en el que el presidente Javier Milei había mencionado la urgencia de una corrección que a los pocos días se tradujo en una suba del dólar del 118%. Las bandas y la corrección cambiaria no alcanzaron para evitar el rojo de cuenta corriente externa sostenido, que fue en paralelo a una creciente fuga. Así fue que en el septiembre preelectoral apareció el Tesoro de EE.UU.

El nuevo esquema con el que las bandas ajustarán al ritmo de la inflación buscará evitar recrear ese atraso cambiario y la compra de reservas intentará generar una imagen de solvencia frente a cachetazos externos. La vuelta de la inflación y la tibieza de la actividad, que además fue traccionada por sectores extraurbanos y poco generadores de empleo como la minería, Vaca Muerta y los bancos (su crecimiento se mide por el diferencial de tasas y no por otorgar más créditos), no fueron gratis.

Según el Indec, luego de un buen primer trimestre, el consumo privado cayó un 0,9% entre el segundo y el tercer trimestre. El consumo masivo, medido por las ventas de supermercados, se deterioró un 3,2% entre marzo y septiembre. Los salarios registrados cayeron un 0,7% en el año. La mora crediticia de los hogares batió el récord histórico y, según el BCRA, llegó al 9,9% de los préstamos personales. 

En el empleo, según el Indec, el 85% de los 238.000 puestos creados en el último año fueron informales, con una destrucción desde noviembre del 2023 de 154.382 puestos asalariados del sector privado registrado, según la Secretaría de Trabajo.

Esta nota habla de: