Hacia el ocaso del Imperio Otomano, uno de los ministros del sultán, Müsir Zeki Pasa, comenzó a trabajar en una ostentosa mansión en la orilla del Bósforo. Diseñado por el arquitecto francés Alexandre Vallaury, el edificio de cinco pisos se embellecía con jardines bien cuidados, grandes ventanales que miraban al estrecho y una espléndida ornamentación al estilo. Pero su vanidoso propietario poco pudo disfrutarlo. Cuando su benefactor fue derrocado (1909), Pasa, como la mayoría de sus hombres, partió al exilio. Por un tiempo, fue ocupada por la hija del útlimo sultán, hasta que la institución real fue abolida, tras el desastre de la Primera Guerra.

Adquirida por la familia Bastimar, cuya riqueza provenía del tabaco, actualmente se encuentra a la venta. Desde hace cinco años, figura en el catá- logo de Ayikcan Real Estate , miembro de Leading Real Estate Companies of the World, a un valor de 95 millones de dólares.

Erigido en la región flamenca belga, Heet Steens también es conocido como el “castillo de Rubens”. Ocurre que el gran artista compró el castillo para vivir allí con su segunda esposa, Helena Fourment en 1635, cuando ya llevaba tres siglo de construido con sucesas ampliaciones. Rubens hizo algunas de sus obras más famosas en el castillo y sus alrededores, e incluso lo hizo motivo de algunas de sus pinturas. La cifra de salida al mercado inmobiliario ronda los 4 millones de euros, aunque en los expertos en Real State de esta nturaleza advierten que las “expensas” de mantenimiento pueden sumar más 100 míl dólares al año (sin contar los gastos de jardinería).

No podía faltar en esta acotada lista, propidades situadas en Francia. El Chateau de la Mothe-Chandeniers es uno de los castillos más bonitos del país galo, a la vez que desafortunado. La propiedad de la Bella durmiente, como también se le conoce, parece maldita y condenada al fracaso tras un incendio contemporáneo accidental que arrasó con gran parte de su estructura. De valor no oficializado, un proyecto de crowfunding matiene en vivo el sueño de su restauración.

Finalmente, fanáticos del terror pueden postear ofertas por el mítico castillo de Bram, en la baja Transilvania. Cuna de la leyenda de Drácula (aunque el personaje inspirador del personaje apenas haya pisado el lugar). Eso sí, mientras aparezca comprador, el estado rumano recauda de turistas y visitantes millones de euros al año.