El discurso del presidente Mauricio Macri tuvo tres momentos con tonos distintos: primero, cuando apeló a lo emotivo y dijo: “les voy a hablar desde el corazón”, mencionó que los últimos fueron “los cinco peores meses” de su vida y los comparó con su secuestro. En un segundo bloque, se refirió a los problemas externos que impactaron sobre la economía argentina. Y en un tercero, englobó la herencia recibida, la falta de madurez de la sociedad que reclama en momentos de ajuste y la corrupción. Fiel a su estilo, no abundó en cifras sino en conceptos, y acompasó las definiciones de crisis y “emergencia” con la renovación de los votos de esperanza en que el país va a superar las dificultades. Para los detalles del plan de ajuste estuvo luego el ministro de Economía, Nicolás Dujovne. Una suerte de división entre quien habló con el “corazón” y quien expresó el bolsillo. O como dijo el siempre interesante politólogo Luis Tonelli, que reformuló la teoría de Pugliese: “Dujovne nos habló con el Excel”.