La posibilidad de ingerir dispositivos que monitoreen diversos parámetros del organismo humano, es una de las nuevas aplicaciones "comestibles" de la Internet de las Cosas, que ayer fue presentada por el tecnólogo catalán Andreu Veà y que él considera como exponentes de una "era de transformación exponencial en la que el mundo ha cambiado" sin que "la mayoría de la gente se de cuenta".

Veà dedicó una importante parte de su charla al impacto de estas tecnologías aplicadas a la medicina: desde la impresión 3D para huesos o los tejidos artificiales para la regeneración de órganos hasta el abaratamiento de técnicas como el genoma humano que, en menos de 20 años, han pasado de valer 100 millones de dólares a tan sólo 90, permitiendo anticiparse a la existencia de algunas enfermedades como Parkinson o Alzheimer. "Muchos hablan de las tecnologías vestibles y ya están las ingeribles: pastillas que me dicen cuando fue la última vez que la tomé, o píldoras que ahorran el costo de una colonoscopía".