La marcha de la economía parece haber puesto en un predicamento cada vez más grande al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, que atraviesa acaso una encrucijada que lo deja en una inmovilidad cada vez más explícita: si decide reducir la tasa de interés, estimularía un nuevo deslizamiento del dólar, con lo cual las intervenciones cambiarias de la semana pasada para frenar la escalada de la divisa habrían sido inútiles y muy costosas para las reservas. En cambio, si decide tocar la tasa y subirla, rompería el mandato manifiesto

que le dieron desde el Poder Ejecutivo, que piensa en las elecciones de 2019, y quiere un dólar más alto para mejorar la competitividad y tasas bajas para aumentar el crédito. Una decisión difícil de tomar para el titular del Central, quien parece elegir en los hechos el apotegma de Perón, quien afirmaba que en tiempos revueltos es mejor "desensillar hasta que aclare".