Cuando el presidente Mauricio Macri planteó que no había que tomar más deuda no estaba hablando de abandonar los centros internacionales de financiamiento, ni haciendo una autocrítica de su Gobierno que, según el último dato disponible, a junio de 2017 había aumentado casi en un 40% el endeudamiento público. Su mensaje pareció ir dirigido a los gobernadores, sus aliados circunstanciales para aprobar las leyes de reforma fiscal y previsional. Sucede que, para destrabar la sanción, tuvo que descongelar a último momento 5.000 millones de pesos que había recortado de obras públicas ya previstas para las provincias, según admiten funcionarios nacionales. Las declaraciones del senador peronista Miguel Pichetto, advirtiendo sobre la necesidad de un nuevo acuerdo para aprobar la reforma laboral, pusieron en alerta al oficialismo, que no quiere desembolsar más fondos. De los u$s14.000 millones que pagará Argentina por intereses de la deuda sólo en 2018, de esos, no dijo nada.