Lanzado a principios de mes, aterrizó en kioskos a un precio promocional de 50 pesos pero también engrosó más tarde un diario dominical sin costo extra. El negocio ahora como antes, no está en el álbum, sino en las figuritas, ese codiciado objeto de colección de chicos, que sobrevive aggiornado al paso del tiempo.

El producto oficial licenciado por la FIFA para todo el mundo, monopolizado por el grupo Panini, contiene espacios vacíos para 700 figuritas autoadhesivas, distribuidas en sobres de cinco unidades que cuestan 15 pesos cada uno. Si en la época dorada de cierta infancia, allá lejos y hace tiempo, la felicidad se traducía en tres sobres de figuritas, hoy podríamos redondear un presupuesto similar globalizado como la hamburguesa más famosa.

Claro que no sólo cambiaron las tecnologías, sino también las vías de comercialización, que incluyen un servicio de álbum lleno al valor de una figurita por sobre (hasta 40), más los gastos de envío. Muy lejos de aquellas "difíciles" que condenaban a un destino aciago el álbum que se aspiraba a cambiar completo por una pelota de cuero N 5 (recompensa con escasa equivalencia si lo analizamos fríamente con ojos adultos).

Ese material descartado, olvidado o irremediablemente perdido es tesoro de coleccionistas como Rafael Bitrán y Francisco Chiappini, que compilaron el resultado de sus búsquedas en tres volumenes ("Malditas difíciles", "Idolos de cartón" y muy especialmente "Dífíciles eran las de antes", casi una declaración de principios).

Esas figuritas que nos devuelven a formaciones y jugadores de archivo "movilizan un cúmulo de sentimientos que involucran la nostalgia, la memoria y el afán coleccionista que despertaron en su momento", reseña Bitrán, docente de Historia y socio de librería "de viejo" a la que suelen peregrinar los iniciados en la materia.

Bitrán, como chico de cualquier generación, juntó figuritas y aspiró a completar un álbum (aunque confiesa que nunca lo logró) para canjearlo por la mítica pelota de cuero. Ya adolescente, en sintonía con sus nuevos intereses, se desprendió de aquellas "cosas de chicos" que mucho tiempo más tarde se propuso homenajear, como un tributo de esa "infancia perdida a nuestro presente que todavía se emociona al verlas, olerlas y sentirlas", reseña.

En contraposición con aquellas producciones nacionales, el monopolio de Panini se expresa en un formato standard en inglés y por decantación con la era digital, en aplicaciones que permiten completar un álbum virtual. Incluso, juran que "todas las figuritas están en la misma proporción".

Difíciles eran las de antes.

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Oscar Muñoz

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