Primero fueron los arbolitos. Hace justo dos meses, el Banco Central autorizó a las casas de cambio a colocar a sus vendedores in voce en la calle para ofrecer divisas en busca de “descuevizar” la transacción. Ayer dio otro paso más en el plan “dólares para todos y en todo lugar” al permitir que los comercios puedan expender billetes verdes en el momento de hacer la compra semanal del supermercado o al ir a comprar analgésicos a la farmacia.

La intención declarada es “quitar incentivos para el funcionamiento de actividades marginales”. Pero esta vez no le pega sólo a las cuevas sino que se mete en el negocio de las casas de cambio (otra vez) y de los bancos, y amplía la oferta a 24 horas. La idea fija de desregular y agregar competencia se produce en uno de los temas sensibles: el impacto de la cotización del dólar. Los economistas ya comienzan a advertir que en el afán de bajar la brecha entre las puntas de cotización, la medida anunciada dolariza la economía y puede ser un bumerán que perfore los controles