Los periodistas solemos jactarnos de ejercer la mejor profesión del mundo. Nos permite ser curiosos sin dar explicaciones, innova-dores, reflexivos y hasta a veces ermitaños. La sociedad presta atención a lo que producimos para estar de acuerdo o criticar. Las elites políticas tienen en sus escritorios a primera hora y en sus celulares a toda hora un resumen de qué decimos, informamos, investigamos o enfocamos. Y desplegamos los conceptos de “agenda setting”, un enfoque de que los medios no pueden decirle a su audiencia qué pensar, pero sí sobre qué pensar. En momentos en que se desplaza la pauta publicitaria, que la producción de contenidos ha variado y que las políticas oficiales apuntan más a concentrar que a diversificar voces, es probable que en poco tiempo deje de ser ese lugar de privilegio. El puesto de chofer en el Banco Central, con un salario de 144.000 pesos, puede ser una alternativa. O una muestra del descalabro en los salarios de la administración pública.