“Es un Fondo Monetario Internacional muy distinto al de hace 20 años”. La definición que dio en mayo de 2018 el entonces ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, no pareció ajustarse mucho a la realidad. La negociación con el FMI de Christine Lagarde significó un endeudamiento de USD44.000 millones, el incumplimiento de varios compromisos contraídos con el organismo y el fracaso de la relación de “enamoramiento” que el presidente Mauricio Macri alentó con sonrisas.

El “modo Kristalina” fue distinto. Profesional y medida, dijo en las últimas horas que el FMI debe rever las herramientas que recomendó a los países emergentes a los que asiste con créditos, admitió la opción de que se utilicen controles para la salida de capitales. Y avaló uno de los planes del ministro Martín Guzmán para la reestructuración: pidió “una contribución apreciable de los acreedores privados, para ayudar a restaurar la sostenibilidad”. Eso sí, del pedido de Guzmán para postergar los pagos de capital al propio Fondo, todavía no dijo nada.