Las cifras que muestran que la inflación no cede confirma, un mes más, que el problema es más complejo que lo que plantea la mirada voluntarista del Gobierno y que el costo lo está pagando el asalariado. Con el IPC núcleo en 2,1%, las consultoras están volviendo a corregir los pronósticos y anualizando la suba de precios al 23,4%.

No hará falta esperar al segundo semestre para notar que la tendencia se profundiza: entre abril y mayo habrá nuevos aumentos en el precio del transporte y en los servicios de Aysa (aguas) y de gas. En los relevamientos de consumo ya comenzaron a utilizar el término "low cost" para describir la retracción de compras. La insistencia en pactar aumentos salariales "pre corrección de metas del Banco Central", entre 10 y 15% no hace más que profundizar el escenario en el que el poder adquisitivo real volverá a resentirse. Una brecha entre costo de vida y salarios que parece destinada a ensancharse cada vez más.