La aceleración de la inflación, la caída de la actividad económica para el próximo semestre, el dudoso éxito de los agregados monetarios y la emisión de Letes para calmar el apetito del mercado por dólares frescos han puesto a los hacedores de la política monetaria argentina en modo “freno” para que la estanflación no se prolongue más allá del 2018. Muchos analistas afirman que las tasas del Banco Central -que rondan el 60% y podrían mantenerse en un 40% todo el año- se parecen cada vez más al accionar de los automovilistas inquietos que, frente a un semáforo en rojo, ponen punto muerto, meten primera y aguantan con el pedal del embrague pisado a fondo para arrancar en amarillo. Una práctica que daña la unidad, causa más fricciones en el disco de freno y disminuye su vida útil, además de terminar exigiéndole al resto de las piezas un esfuerzo innecesario. Un conductor preocupado en frenar el auto no percibe que la mecánica general funciona cada vez peor.