En menos de 24 horas el Gobierno cristalizó sus preferencias. El lunes escuchó -pero no atendió- las quejas de los industriales de la UIA. Ayer llegó a la exposición ruralista con un paquete de medidas para paliar las dificultades que enfrenta el campo. Está claro que la Casa Rosada optó por apostar a la vía rápida de favorecer a un sector con capacidad exportadora antes que apostar a la recomposición del mercado interno vía la industria nacional. Si esa era la idea rectora desde que comenzó su gestión, la realidad le está dando una mala noticia. La intención de abrir la Argentina a los mercados del mundo choca con las políticas proteccionistas que tienen los países desarrollados y que bloquea el acceso de productos nacionales. La refriega con la administración Trump, ahora por el acero, es otra muestra de ello. Los dirigentes del agro han mantenido un perfil bajo acorde con los beneficios que obtienen desde que comenzaron a retirarles las retenciones. Y no patalear parece que tiene premio.