Los obreros siderúrgicos, quienes el año pasado celebraron la elección de Donald Trump como un nuevo amanecer para su industria, afrontan una ola de despidos debido a la falta de cumplimiento de las promesas del entonces candidato y hoy presidente.

Trump prometió construir caminos y puentes, fortalecer las disposiciones de la ley "Buy America" (Compra en Estados Unidos), proteger las fábricas de las importaciones injustas y resucitar las industrias, en especial la del acero.

Sin embargo, después de un año en el cargo, Trump no impulsó estas políticas, lo que está teniendo consecuencias no previstas en el sector siderúrgico.

Según el Instituto Americano del Hierro y el Acero, órgano que monitorea los embarques, las importaciones de acero fueron un 19,4 por ciento más altas en los primeros 10 meses de 2017 que en el mismo periodo del año pasado.

Este aumento repentino de las importaciones impactó en las acereras estadounidenses, que ya estaban teniendo dificultades con un exceso de acero barato de China.

A inicios de junio, Trump mencionó a una multitud en Cincinnati: "Esperen a ver qué voy a hacer a favor del acero y las acereras de ustedes", y prometió que "detendría el desecho" de productos a precios muy bajos que realizaban otros países. "Lo veremos muy pronto. Los acereros estarán muy contentos", aseguró. Sin embargo, el anuncio nunca llegó.

Scott Paul, el presidente de Alliance for American Manufacturing, el grupo comercial que representa a los trabajadores del acero, mencionó que había "un profundo sentimiento de frustración entre los obreros siderúrgicos porque el presidente los usó como utilería política".