Famosa por sus resorts ambientados en playas tan paradisíacas como exclusivas que parecen de fantasía, el ramillete de las Madivas, en el océano Índico también atesora curiosidades como la única mezquita construida en coral del mundo y... su restaurante submarino.

Situado a una profundidad de 5 metros por debajo de la superficie del mar, en el Conrad Maldives Rangali Island Resort, en la la isla homómina, el restaurante Ithaa ofrece vistas panorámicas de 180 grados.

En Ithaa que significa "madre de la perla" en idioma local, se sirve cocina europea contemporánea en un menú de 6 platos para la cena, maridados convenientemente con vino y champagne, una libertad de los establecimientos turísticos for export en este enclave islámico donde el alcohol está prohibido por la ley.

Gastronatutas del mundo y amantes de las emociones extremas no deberían dejar de visitar al menos una vez en la vida algún Dinner in the sky. Si bien el formato original nació en Bruselas, Belgíca, se expandió a otras grandes capitales.

Acé se trata se trata de comer suspendido en una mesa gigante a 50 metros de altura colgado de una gigantesca grúa. No apto para para cardíacos y con imprescindible reserva previa para grupos, con una base de 1200 dólares por comensal.

Otra curiosa experiencia sensorial propone el Dans Le Noir. Con casas en Paris y Barcelona, su peculiaridad radica en que el servicio se brinda completamente a oscuras, dado que los creadores quieren que se aprecie mucho más el sabor, olor y textura de cada uno de los platos. Incluso, en la entrada es obligatorio a dejar el celular y el reloj para que nada interfiera en la propuesta. Otro dato curioso del restaurante es que los camareros son no videntes.

Todo lo contrario puede y debe decirse de The Rock. Emplazada en la playa Michamvi (Zanzíbar), esta caseta de tronco y paja se encuentra rodeada de aguas turquesas hasta donde alcanza la vista. El must consiste en acceder caminando con la marea baja y retirarse en barca con la marea alta.

Los conocedores recomiendan la mesa 2, tendida casi al borde del mar. Pero no hacen demasiado hincapié en la oferta gastronómica, un mix de color local local y pasta (el dueño es italiano).

Eso sí, nada de etiqueta. Dress code informal. Que hay que mojarse los pies a la ida y a la vuelta.

  • Extravagancias

No precisamente recomendables para una cita romántica, algunos establecimiento ponen el acento en su concepto bizarro. Compo The Clinic (Singapur) con sillas de ruedas alrededor de una mesa de quirófano. Se accede (poco promisorio)) por una “sala de emergencias”.

Otra rareza asiática es The Lockup, que recrea en Tokyo la cárcel de Alcatraz. Con celdas y mozos vestidos de policías.