El discurso del Gobierno pasó rápidamente de las odas a la confianza en un futuro mejor a reconocer todos los días que la situación económica presenta complicaciones severas. El presidente Mauricio Macri inauguró el nuevo tono en Jujuy cuando señaló que el “mandato” que le dieron los argentinos fue el de “gobernar con la verdad y no esconder los datos bajo la alfombra”.

En sintonía se expresó el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, quien venía manteniendo muy bajo perfil público. Ayer, Sandleris relegó el dato de inflación -que reconoció como “demasiado alto”- a una misión superior: “Este Banco Central se hará siempre responsable. No oculta ni ocultará el problema escudándose en estadísticas de dudosa credibilidad”.

En ese giro, el Gobierno se apoya ahora ya no en el porvenir venturoso sino en que la realidad es así de cruda pero por lo menos no mienten. Como si no fuera necesario un cambio de políticas y alcanzara solamente con que no les crezca la nariz.