Cuando Néstor Kirchner fue presidente tuvo durante mucho tiempo el respaldo de la UIA que encabezó Juan Carlos Lascurain. Cristina Fernández tuvo también su momento de apoyo y aplaudió la frase del entonces jefe industrial, José De Mendiguren, quien dijo que “no se necesita enfriar la economía sino recalentar la inversión”, cuando se discutía cómo controlar la inflación. La llegada de Cambiemos a la Casa Rosada dinamitó la relación que, con altibajos, mantuvo la conducción de la entidad fabril con el Gobierno. El modelo de concentración de la producción en empresas grandes es el nudo del modelo macrista y la UIA con 98% pyme, la gran perdedora. El destrato que le propinó el ministro de Producción, Francisco Cabrera, quedó demostrado ayer, no fue un exabrupto. Mientras se conocía el pedido de detención contra Lascurain, el presidente Mauricio Macri salió en respaldo de Cabrera y dijo que le “encantó” que les hubiera dicho “llorones” a los industriales. Castigo verbal parece ser el complemento de la billetera cerrada para la industria nacional.