Las metas oficiales, esa versión racional e institucional que sostiene los sueños de quienes integran un gobierno, parecen estar alejándose cada vez más de la realidad, a pesar de lo que muestran los optimistas papers que recorren las oficinas de los ministerios. Y es que con un rojo en la balanza comercial que rondaría los u$s9.000 millones (el más alto de la historia argentina), un déficit fiscal que superaría el 7% del PBI (cuando lo esperado para el Gobierno era del 4,2%), un nivel de inversión que llegará al 16% del PBI (mientras que en el resto de la región es del 23%) y una inflación que camina a cerrar el año en torno de 24,5% (y que había sido proyectada en 17%), las cifras reales comienzan resquebrajar el más sólido de los proyectos a corto plazo. Porque si es verdad que soñar no cuesta nada, para el mercado, hasta los sueños tienen un precio.