De acuerdo con la mitología que domina los mercados, los grandes operadores financieros no son guiados por la ideología sino por la rentabilidad. Y el caso argentino parece corroborarlo: en las últimas semanas, los seguros contra default, conocidos en el mercado como CDS, pasaron de los 350 puntos que cotizaban en diciembre del año pasado, a cerca de los 670. La duda de los mercados se da a pesar de la simpatía que el presidente Mauricio Macri despierta entre los tenedores de deuda argentina, pero temen que la incertidumbre sobre el futuro del país hunda la cotización en bonos y acciones locales. A pesar de que en los despachos oficiales se repite que “nadie defaultea una deuda en pesos”, la administración actual intenta cerrar contrarreloj un acuerdo con EE.UU. que le permita contar dólares frescos y llegar sin problemas hasta diciembre de 2019. Una meta no tan difícil de cumplir, si no fuera que la geopolítica, esa extraña ciencia que el Gobierno parece haber descubierto con la crisis de la lira turca, es tan desconfiada y volátil como los activos que se negocian en las Bolsas internacionales.