“Señorita, si es usted capaz de hacerlo en 79 días, yo la felicitaré públicamente”, la desafió un añoso y largamente consagrado Julio Verne. La visitante de su residencia en Amiens (al norte de Francia, donde pergenó la mayor parte de su obra, incluyendo el celebérrimo “La vuelta al mundo en 80 días”) no se inmutó. Para ese entonces, Nellie Bly había demostrado tener lo que hay que tener cuando se está detrás de un objetivo. Pionera del periodismo de investigación, su internación fraguada en un hospicio de mujeres, le permitió publicar una explosiva crónica en el The New York World, de la cadena Pulitzer, “Diez días en el mancomio”, que obligó a las autoridades sanitarias a rever las penosas condiciones de enclaustramiento de los enfermos mentales.

Por eso, cuando se enteró que la dirección del periódico prefería a un redactor para cumplir con la quimera de dar la vuelta al mundo en 80 días siguiendo aproximadamente la ruta propuesta en la novela, la decidida Nellie puso el grito en el cielo. Y amenazó con competir directamente desde un diario de la competencia para ganar la apuesta.

Así, provista con una escasa maleta y unas doscientas libras esterlinas proijamente dobladas en un atado colgado del cuello, partió del puerto de Hoboken. Primera escala: Londres, desde donde había partido el héroe verniano, un fl emático caballero llamado Phillias Fogg, que sólo se encendía de pasión jugando a las cartas.

Si bien Bly no respetó escrupulosamente el itinerario e incluso tocó puntos que no aparecen en la ficción, logró hacerlo reduciendo en ocho jornadas la extensión original.

El 25 de enero de 1890, apenas setenta y dos días después de su partida, entraba triunfal en New Jersey, saludando desde la cubierta de un barco.

En plena travesía, Bly fue escribiendo las crónicas que luego compilaría en “Around the world in seventy-two days”, su libro de bitácora que se editaría con un marketinero juego de la oca como complemento.

El texto es rico en descripciones, anécdotas y personajes. Aunque como buena feminista de la época, Nellie aparece también siempre interesada en refl ejar la situación de sus pares en el resto del mundo, cuando en su país de origen se incubaban las primeras manifestaciones por los derechos de la mujer.

Resulta paradójico que con su afán de independencia, haya abandonado la práctica activa del periodismo tras su casamiento con un empresario cuarenta años mayor que ella. Pero no tardó en volver a tomar sus propias decisiones cuando enviudó, quedando al frente de un complejo emporio comercial. En las finanzas, no tuvo éxito y debió volver al periodismo. Todavía estuvo en el frente europeo en la Primera Guerra, entre otras asignaturas. Falleció a los 57 años.

Cuentan que cuando Verne le señaló que no hubiera tocado la India en su periplo, como hace su personaje, viviendo uno de los momentos más trepidante de la historia, al rescatar a una joven viuda de la incineración ritual junto a su difunto marido, contestó apelando a la lógica.

“Me propuse dar la vuelta al mundo en menos de ochenta días y no tenía que andar salvando doncellas en peligro”, repuso.