“Comenzamos una gran relación con Christine unos meses atrás. Espero que esto funcione bien y que todo el país se enamore de ella”. Dos años después de gritar al mundo su deseo, el presidente Mauricio Macri vio cómo perdía las elecciones luego de que fracasara la relación con “madame Lagarde” -a esa altura ex directora gerenta del Fondo Monetario Internacional-, el organismo frenaba el último desembolso y Argentina se quedaba con una deuda agregada de US$44.000 millones, que fue lo efectivamente desembolsado y que no sirvió para bajar el déficit, generar empleo ni provocar una “lluvia de inversiones”.

Lejos de las frases grandilocuentes de amor, la relación que inauguró el ministro de Economía, Martín Guzmán, con Kristalina Georgieva tuvo las palabras justas, medidas y cautelosas más propias de la relación entre un país soberano y un organismo multilateral de crédito. Ni amigos ni enemigos. Ni odios ni amores. Acreedor y deudor.