Dante Sica sabía que se enfrentaba a una semana de quiebre en la relación del Gobierno con un sector del empresariado que supo ser puntal para la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada. El lunes a la noche se jugó una carta fuerte y con la confianza que cosechó con varios industriales intentó desactivar una confrontación final con los dueños de las fábricas. En medio de una cena íntima y secreta que mantuvo con un puñado de integrantes de la conducción de la UIA, el superministro les prometió un paquete de medidas con eje en los 35 puntos que la entidad le presentó días atrás al Gobierno, ante la profunda crisis “sin fin” de la industria. Así, confirmó el retorno del diálogo, pero no logró conformar a la Junta Directiva, que emitió de todos modos un comunicado con fuertes críticas ante la ausencia de políticas para el sector, aún cuando se apliquen las recomendaciones. “Veremos qué nos presentan”, dijeron escépticos desde la casa de los industriales, en donde creen que “los salvavidas en el medio de un océano no sirven para llegar a la orilla”.