Se largaron hace una década por rutas bonaerenses alternativas, poco o nada frecuentadas, para trazar un panorama de los pueblos rurales. Se encontraron con una postal poco alentadora de aislamiento y condena de lenta extinción. La acción directa de Proyecto Pulpería, una ONG que reivindica su absoluta independencia de los gobiernos de turno, ya decantó en la reconstrucción o recuperación de bibliotecas populares, estaciones ferroviaras, clubes de campo, y claro, pulperías de añosos interiores.

“Estamos a un mes de la cesión de la vieja estación de trenes de Faro (en el Partido de Coronel Dorrego) a la comunidad local para la instalación de un centro cultural -anticipa Leandro Vesco, mentor de la iniciativa-. En todo el proceso, actuamos como puente de información de la gente que generó un proyecto de turismo rural y gastronómico”.

Una década en la ruta fue prolífica generadora de risueñas anécdotas y grandes logros, embellecidos tal vez por su simpleza. “Rondeau (Partido de Puán) es un pueblo que no existía más, pero descendientes de viejos pobladores se decidieron a refundarlo a partir de esa revolución silenciosa que es la recuperación de una comunidad. Hay una energía muy grande en Buenos Aires, que no la vemos tanto en otras provincias”, destaca.

Proyecto Pulpería trabaja por lo general sobre pueblos que tuvieron su cénit hacia la década del ‘40 con una promedio de 300 habitantes y comenzaron a declinar con el cierre de ramales de ferrocarril de fi nes de los ‘50, hasta que firmaron certificado de defunción en los años ‘90.

“Es importante contribuir al arraigo que demuestran sus habitantes y revalorizar el patrimonio rural, que es un bien muy vulnerable”, propugna Vesco, asiduo viajero de ese interior profundo que no asoma en los medios. Una de cada dos semanas lo encuentra llegando o revisitando localidades que son puntos ignotos en el mapa de la provincia más poblada y desigual del país.

Otra de las líneas de acción del proyecto se orienta a planes de radicación de familias con hijos que quieren cambiar de forma de vida. Del stress de las grandes urbes a la pausa y el sosiego de ambientes rurales que nada tienen que ver con el hermetismo de los countries.

“Es una politica de gestión que no cuenta con ningún apoyo oficial ni gubernamental- insiste en despegarse-. Nuestra función consiste en conectar a las familias jóvenes con las comunidades que las necesitan”, apunta Vesco.

“Recorriendo la provincia, nos encontramos con mucha gente que no quiere irse de su pueblo, porque siente que es parte de su identidad -reflexiona-. Ese sentimiento puede trasladarse a proyectos sustentables de turismo rural, con la tranformación de pulperías en ámbitos de una gastronomía que rescate las mejores tradiciones criollas”.

  • En otras latitudes

El fenómeno de la emigración y despoblamiento de áreas rurales no es un fenómeno ceñido a países periféricos. En España, una amplia área de Castilla La Mancha es ya conocida como la “Laponia española” por una densidad demográfi ca similar a aquella desolada región ártica. El gobierno de Japón, como medida para proteger las zonas rurales del país, ofrece hasta 50.000 dólares por cada familia que se mude lejos de la ciudad, a pequeñas localidades que están cada vez más despobladas y envejecidas.