El Gobierno vive por estas horas el síndrome de la manta corta. Y es que al elegir bajar de a poco las elevadas tasas reales de interés para impulsar el nivel de actividad de la economía, que se amesetó en el último trimestre de 2017, intenta tapar un poco la cabeza del crecimiento, destapando las tasas de interés y dejando correr al dólar.

El Gobierno apuesta a hacer “crecer la manta” este año, impulsando que la economía crezca sin interrupciones y que empuje a la inversión, la cual se despertó en los últimos dos años, pero aún sigue somnolienta: desde 2015, la tasa de inversión aumentó 0,4 punto porcentual (de 19,4% a 19,8% del PBI) y se encuentra lejos del promedio de la región, que supera el 24%.

Pero la baja de las tasas enfría los pies del mercado, que tironea e intenta cubrirse a través del dólar. Así las cosas, los próximos meses serán claves para saber si la inversión o la producción duermen cálidamente, o si otra vez, como tantas veces ocurrió en la historia argentina, el mercado financiero, al cubrirse, resfría a toda la economía.