“Vamos a trabajar para que este año no caiga el salario real.” La frase del jefe de Gabinete, Marcos Peña, en un contexto de aceleración de inflación, devaluación brusca y paritarias que, todavía, tienen el techo del 15% resulta curiosa. Según el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), que conforman sindicatos de las CTA y la CGT, la caída acumulada del salario real equivale a 1,42 ingresos mensuales durante todo el gobierno de Cambiemos. La Asociación de Trabajadores del Estado difundió también sus números que indican que, desde noviembre de 2015, el poder adquisitivo de los salarios del sector acumula un retraso del 18%. En 2016, la inflación fue de 41%; en 2017 alcanzó el 24,8% y este mes superará el 10% en lo que va del año. Con un salario mínimo que orillará en julio los $10.000 y una canasta básica total por encima de los $17.000, parece que la capacidad de compra de los argentinos no entra en el tibio reconocimiento de errores que hizo el oficialismo. O que la realidad no puede superar la ficción del discurso.