"All things must pass" es el título del documental que ilustra ascenso, esplendor y caída de Tower Records, la icónica cadena de discos que reinó en el mercado del entretenimiento durante tres cuatro décadas y tardó menos de cinco años en desplomarse, a consecuencia de la explosión de música en internet. Aunque la cita obvia a la canción del George Harrison solista (Todo debe pasar) también podría traducirse con referencia localista como Todo es historia, subtitulándose "en el mundo de los negocios".

Fue a pincipios de los 60 que Russ Salomon buscaba su lugar en el mundo, a la sombra de su padre, propietario de una drugstore en Sacramento. No había sido buen estudiante pero tenía un olfato para los negocios que se le reveló agudo al comprar un lote de discos usados y ponerlos a la venta en la vereda del local, por el triple del percio original. Con un crédito pateno de 5.000 dólares estuvo en condiciones de iniciar su propio emprendimiento. Pronto, la rentabilidad expandió la marca Tower Records a San Francisco, Los Angeles y el resto de la costa oeste. El boom de la música pop en aquellos años hizo el resto. Porque más que una tienda donde se vendían discos, Tower se erigió como símbolo de una época y meca de peregrinaje, adonde acudían compradores anónimos y famosos como Elton John, Bruce Springteen y Michael Jackson (que exigía que estuviese cerrado durante su visita).

La aparición del CD en los primeros 90 marcó otro hito de consumo (para entonces, también había incorporado libros, revistas, accesorios, etc.) pero la irrupción del mp3 cambió las leyes del mercado. Las nuevas generaciones no entendían porque debían pagar por algo que podía conseguirse gratis, ¿y quien podía culparlas?

En meno de seis años, la cadena había cerrado las principales casas de todo el mundo (inclusive Buenos Aires donde tuvo tres sucursales), con la excepción de Japón, franquicia que perdura sólo por la devoción coleccionista de la cultura nipona.

Parábola similar refleja la trayectoria de Blockbuster, la cadena estadounidense de videoclubes, especializada en alquiler de cine y videojuegos a través de tiendas físicas, servicios por correo y video bajo demanda, que llegó a contar con 9.000 establecimiento a nivel mundial (2004) y cuyo certificado de defunción fue firmado por las nuevas formas de consumo eléctrónico y las malas prácticas comerciales.

Distintos son los casos de marcs y productos como el Atari o Kodak. En el primero, una de las nóveles consolas de juego que trasladaron los pasatiempos recreativos de los salones al living hogareño. La nostalgia alimenta otro documental, teñido de misterio. "Game is over" revisa la leyenda negra acerca de los cartuchos del videojuego "E.T." (considerado por muchos como el peor de la historia), enterrados 30 años atrás en el desierto de Nuevo México tras su estrepitoso fracaso comercial.

Finalmente, hablar de Kodak conlleva una aclaración. La empresa, que pasó por concurso de acreedores, se recupera de su bancarrota (2010), cuando la Bolsa de Nueva York prohibió la venta de acciones que habían caído por debajo de un dólar.