En el último día antes del cambio de mando abundaron las fotos de funcionarios entrantes y salientes como réplicas de la concordia que exhibieron Alberto Fernández y Mauricio Macri frente a la Basílica de Luján. Sillones, bares, oficinas, cafeteras, mesas y sonrisas se mutiplicaron en las imágenes de los principales ministerios y organismos decisivos para la economía que viene. Pero hay otro traspaso que tiene más rugosidad: las cuentas públicas exhiben el agotamiento de la marcha forzada que le imprimió el gobierno de Cambiemos, luego de que fracasara la “lluvia de inversiones” que, se suponía, derramaría con la apertura a las importaciones, el levantamiento del cepo y la liberalización del mercado de capitales. La deuda récord contraída con el Fondo Monetario Internacional, la caída de la actividad industrial de alrededor de 10 puntos y el desplome del Producto Bruto argentino de 5% luego de la gestión Macri evidencian que la transición hacia un modelo productivo será mucho más compleja que un apretón de manos.