Ni la escalada del dólar, ni la inflación, ni la movilización de Moyano, ni la discusión sobre el aborto legal, ni el arancelamiento de la salud para extranjeros, ni el déficit comercial parecen ser tan complicados de resolver a mediano plazo para el Gobierno como el déficit fiscal.

Y es que desde que Cambiemos inició su gestión el 10 de diciembre de 2015 se agravó la situación fiscal y la única manera, por ahora, para lograr financiar el déficit es a través de la deuda externa. Pero lo cierto es que, en una economía sin traumas, tomar deuda para desarrollarse no sería tan grave. Pero la economía argentina no es la de un país "normal" y aún conserva los efectos del miedo de quien sufrió un default. Así, el pagar cada vez más por los intereses que la deuda externa devenga, pone al país "psicológicamente" en zona de riesgo, complicando cualquier estrategia de desarrollo, e incluso transformando una cifra relativa como el incremento del 71,3% en el pago de intereses de la deuda en 2017, en un posible disparador de pánico en los mercados.