Después de que se desatara la crisis del Covid-19, las empresas de entretenimiento se encontraron en aguas movedizas. Disney enfrentaba un panorama sombrío, dado que la mayoría de sus ingresos proviene no del negocio audiovisual sino de los hoteles y parques temáticos. Al mismo tiempo, superó con creces la meta de suscriptores para su plataforma on demand Disney+, pero incluso así sus números en Wall Street eran poco alentadores. La plataforma, dicho sea de paso, recién será rentable -dada la inversión que requirió en tecnología y contenidos- en 2023 o 2024, y eso no cambia. La buena noticia es que esa perspectiva no cae. Pero finalmente el pasado viernes hubo otra buena noticia y las acciones de Disney tuvieron un rebote del 4,5%, llevando la acción por encima de los USD106, cifra máxima de los últimos 38 días. Fue a causa del anuncio de que los parques y los cines podrían reabrir en breve, según un plan de tres etapas que presentó el gobierno de EE.UU. El optimismo del mercado alcanzó para que quisieran posicionarse lo antes posible, ahora que los números siguen relativamente bajos. La capitalización de mercado de Disney es hoy de USD192.000 millones.

Al mismo tiempo, después de cuatro días de alza, cayeron un 3,7% las acciones de Netflix, cuyo único negocio es -cabe tenerlo siempre en cuenta- la creación y distribución de contenidos. Esto se debió a que los analistas de Wall Street consideraron un poco exagerado el optimismo sobre el crecimiento de la firma en épocas de pandemia. De todos modos, la empresa tiene una capitalización de mercado de USD185.600 millones, y la acción cotiza por encima de los USD460. Estos números hablan claramente de la diferencia en la estructura de negocios de ambas competidoras. La diversificación de Disney le permite surfear mejor las aguas críticas en estos tiempos, pero también causa más dudas a los inversores.

El pasado viernes, después de catorce días de declive en la curva de nuevos contagios, la administración Trump comunicó su voluntad de permitir el regreso de varias actividades y aceptar la reapertura -apegada a distancia social y estricto protocolo- de teatros, cines y bares. De allí el crecimiento inmediato de la acción de Disney. Pero, de todos modos, la firma puede tardar varios meses en recuperarse; los ejecutivos creen que los parques no abrirán hasta el 1 de julio (en pleno verano boreal y la temporada de más recaudación para los cines y las actividades al aire libre) y, por otro lado, hay un replanteo de todos los estrenos grandes de este estudio y del resto, lo que va a llevar a problemas a la hora de calcular el calendario, que siempre se resuelve con muchos meses -e incluso, años- de anticipación.