Las entidades empresarias venían en silencio y haciendo malabares para no irritar al Gobierno, dedicado a pilotear la crisis de la pandemia que le cayó del cielo, cuando sorpresivamente se conoció la decisión argentina de retirarse de las negociaciones comerciales del Mercosur con Corea del Sur, Canadá, India, Singapur y Líbano. Para el Gobierno no significa irse del bloque y sí reducir la incertidumbre que nuevos convenios hubieran generado en los sectores productivos agravando la crisis.

Para las cámaras empresarias es una decisión sin precedente, no solo de Argentina sino de cualquier otro socio desde la creación del bloque regional, el 1 de enero de 1995. En solo 48 horas, llovieron comunicados de repudio a la decisión de parte de la Mesa de Enlace (Sociedad Rural, Coninagro, Confederaciones Rurales y Federación Agraria), la Cámara de Comercio, la Bolsa de Cereales (y todo el sector agroindustrial que la abarca). Además solicitaron el lunes, mediante una carta, una audiencia urgente (virtual o en el soporte que venga) al canciller Felipe Solá; al ministro de Agricultura, Luis Basterra, y al titular de Producción, Matías Kulfas. Esos sectores piden una urgente revisión de la decisión.

"Haría de Argentina una economía más cerrada aún, que según el Banco Mundial es hoy el séptimo país con menos relación comercio internacional/PBI del planeta, con un ratio del 31%" reflejó la CAC que conduce Jorge Di Fiori. "El comercio trae prosperidad y debe ser de ida y vuelta; salir de esta negociación tendría muchos costos y ningún beneficio que sí mantendrán nuestros socios del Mercosur", consideró, al ser consultado por BAE Negocios, el titular de la SRA, Daniel Pelegrina. Desde el campo temen que Argentina pierda una puerta de ingreso a la India, que será un gran comprador de alimentos, o que se cierren oportunidades que ya hoy existen, como la de venderle trigo a Brasil un 10% más barato (por los acuerdos comerciales del bloque) que Canadá, que podría solicitar mejoras de acceso a ese mercado sudamericano.

La Unión Industrial y su equivalente en Brasil (la Confederación de Industrias de Brasil) salieron a cuestionar el contenido de esta negociación, que tendrá un nuevo capítulo en los próximos días y reclamaron una negociación comercial inteligente en función del impacto del coronavirus en la economía regional. En la última reunión (a distancia) de la Junta Directiva, la UIA, presidida por Miguel Acevedo, volvió a referirse sobre este tema avalando "la decisión del Gobierno de preservar el empleo regional" y ratificó que "seguirá trabajando en conjunto" con la entidad industrial brasileña. A la hora de buscar culpables, las otras entidades apuntan a la UIA. Incluso hubo cruces encendidos en los grupos de WhatsApp que tiene el denominado Grupo de los 6 (campo, industria, comercio, construcción, bancos y Bolsa). "Cómo se te ocurre, Daniel (por Pelegrina), que la UIA puede pedir algo así cuando estar en el Mercosur es clave para la industria", fue una de las pocas respuestas que se pueden reproducir de esos intercambios. En la central fabril enfatizan que se enteraron de la decisión gubernamental a través de la cancillería paraguaya.

La divisoria de aguas en los textos remite, por supuesto, a antiguas diferencias domésticas que se recalentarán con la discusión sobre cómo salir de la crisis del Covid-19 que, por ejemplo, solo en marzo, según la Fundación Germán Abdala, generó una baja en la actividad económica del 6,4%, y de acuerdo con la CEPAL, arrastrará en todo el 2020 un derrumbe del 6,5%. Por otro lado, nadie puede vaticinar hoy qué mundo habrá después de la pandemia. ¿Habrá más multilateralismo o habrá más proteccionismo? Y en ese contexto, ¿qué rumbo encontrará Argentina para salir de la crisis y generar divisas de manera genuina? Éste es el debate que ya comenzó a precalentar.

La política también se calza los guantes

Para sobrevolar las tensiones en torno de las negociaciones entre el Mercosur y Corea del Sur, en las últimas horas el presidente Alberto Fernández reforzó "el multilateralismo". Conversó con su par chileno, Sebastián Piñera (con quien hubo tensión por los enfoques acerca de la pandemia en ambos lados de la cordillera); con el primer mandatario uruguayo, Luis Lacalle Pou (quien hizo enojar a Fernández antes de asumir al prometer descuentos impositivos para seducir argentinos), y con la canciller alemana, Angela Merkel (pieza clave en la estrategia de renegociación con los bonistas y el FMI).

Desde Cambiemos, más precisamente desde el PRO, ya preparan su artillería respecto de la política internacional del Gobierno. La cara visible de las futuras críticas sería el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, a quien se le exigen menos fotos junto a Fernández. Esa distancia, justamente, vendría por el lado de los cuestionamientos a Balcarce 50 por la política exterior. Hay un equipo con órdenes específicas de Larreta trabajando sobre este asunto. La idea sería separar la gestión de inserción de Argentina en el mundo promovida por el anterior gobierno, como el G20 los acuerdos firmados con la Unión Europea, el mismo acuerdo alcanzado con Corea del Sur, que en realidad se firmó en 2018, por lo que Cambiemos considera una marcha atrás en la política exterior que cierra la economía protegiendo sectores que tradicionalmente fueron subsidiados.

La batalla está por llegar. Asomará después del capítulo de la deuda y antes del final de la pandemia en la arena nacional.