La incertidumbre económica es una característica dominante de estos días en los que, para nuestro país, convergen los tumultuosos factores de alcance mundial con las severas dificultades vernáculas.

Entre ellos se destacan las violentas alteraciones en los mercados internacionales y en las cadenas de producción y circulación de bienes y servicios provocadas por el brote de Covid-19, que se agregan a la a las profundas dificultades domésticas preexistentes, entre las que se destacan los indeterminados corolarios de la renegociación de la deuda soberana.

La irrupción de la pandemia ha resultado, además de sorpresiva, profundamente disruptiva, toda vez que establece una tensión ineludible entre los cuidados de la salud de las poblaciones y el funcionamiento económico de cada comunidad, contradicción que se expresa también en el dispar repertorio de medidas adoptadas por los estados, según se privilegie uno u otro de esos polos.

Ya sea acentuando en las dimensiones epidemiológicas o en las productivas, lo cierto es que los vocabularios de todas las lenguas se han poblado de expresiones bélicas, en consonancia con lo amenazante que resultan las consecuencias de enfrentar la propagación de los contagios o sufrir la escasez de bienes y servicios esenciales.

El concepto de "economía de guerra" se yergue ante esta nueva coyuntura, cuyos desafíos, de no mediar soluciones provistas por la farmacología, se prolongarán por plazos aún imposibles de determinar.

"De allí que la protección simultánea de todos los segmentos poblacionales amenazados requiera de procesos decisionales multidisciplinarios, pero, esencialmente, del adecuado balance en la intersección entre las ciencias de la salud y las económicas."1

Prioricemos la oferta...también

Pocas semanas atrás analizábamos la compleja situación de nuestra economía ("Sobre llovidomojado". BAE Negocios, 16/3/20), en la que los profundos desequilibrios de las cuentas fiscales y del sector externo, superpuestos al deterioro que indujeron las políticas de Cambiemos sobre gran parte del entramado productivo local, se erigían como condiciones iniciales frente al brote de Covid-19 en la Argentina.

El control de la propagación del virus ha sido la prioridad asumida por el conjunto de las autoridades institucionales de todas las jurisdicciones, así como el fortalecimiento de los ingresos de algunos de los segmentos dependientes de transferencias del sistema de seguridad social, la preservación de las percepciones salariales de los trabajadores formalizados, públicos o privados, y la expansión de la asistencia alimentaria directa sobre los territorios más vulnerables.

Claro está que este camino necesariamente amplía la brecha existente entre los ingresos y los gastos fiscales, al tiempo que su financiamiento, al permanecer cerrados los mercados voluntarios de crédito (tanto acreedores como proveedores), implicará mayor emisión monetaria.

En términos generales, las decisiones económicas tomadas hasta la fecha han apuntado a la asistencia de la demanda, sosteniendo la capacidad presupuestaria de las familias para que puedan continuar concurriendo a los mercados en los que adquieren los bienes y servicios requeridos.

Paralelamente, queda planteada la necesidad del apuntalamiento de la oferta, problema especialmente complejo de resolver en las extraordinarias circunstancias que atravesamos.

Aún antes de las medidas de aislamiento social y obligatorio la situación de innumerables empresas, de todos los rubros y tamaños era, de por sí, entre delicada y calamitosa.

Decíamos en el artículo recién citado "al no precisarse sus perspectivas de resolución, no es posible descartar complicaciones en la oferta agregada, que deberá ajustarse a una debilitada demanda agregada, corrección en la que seguramente las empresas "más comprometidas" no podrán mantenerse en el mercado."2

Sostener la oferta en estas particulares circunstancias, es de vital importancia para garantizar el abastecimiento de los bienes y servicios indispensables en este período, atravesado por serias amenazas de interrupciones en los flujos internacionales de mercancías que complicarán el funcionamiento de numerosos complejos productivos.

Existe un bien especialmente escaso

Nadie (casi) pone en duda el carácter bimonetario de la economía argentina3.

Esta particularidad que presenta nuestro país es una excepción más que una regla a nivel mundial, por lo cual la política económica instrumentada por las autoridades gubernamentales siempre debe contemplar tal especificidad que, tanto complejiza el análisis como acota los márgenes de acción.

Si bien la teoría económica asigna cuatro funciones al dinero (Medio de pago o de cambio; Depósito de valor; Unidad de cuenta y/o Patrón de pago diferido) vale señalar que el dólar estadounidense, además de cumplimentar estas, finalmente también funge, prioritariamente, como una mercancía, al ser un insumo difundido entre las empresas que posibilita la adquisición de suministros, bienes intermedios y de capital.

Y esta mercancía, en la actual coyuntura, se consigue casi exclusivamente mediante las exportaciones.

Bajo esta inteligencia y en un esquema de planificación requerido en situaciones de "economía de guerra", como tal debe ser contemplado.

La escasez de divisas obliga a su minuciosa administración, bajo el peligro de que su insuficiencia impida la adquisición de provisiones esenciales para las cadenas de productivas indispensables.

Es por ello que resulta forzoso el racionamiento correctamente orientado en la aplicación de tan escaso bien4. Ello podría instrumentarse mediante una Ley que declare la Emergencia del Sector del Externo Argentino5.

Planificar implica hoy un proceso de toma de decisiones que no sólo se fundamente en la resolución de los defectos de la demanda sino que contemple el apuntalamiento de la oferta.

Mantener en pie el entramado productivo doméstico es una necesidad que se extiende más allá de la coyuntura: es la condición de posibilidad de la puesta en marcha, a la salida de esta enmarañada situación, de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable, con orientación a la producción, capaz de brindar un futuro de prosperidad "para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino."

1-“Respirar… y también comer”. BAE Negocios, 23/3/20.
2-“Sobre llovido…mojado”. BAE Negocios, 16/3/20.
3-Actualmente, el peso argentino cumple excluyentemente la función de medio de pago, mientras que la de unidad de cuenta, solamente en bienes de consumo y patrón de pago diferido en plazos cortos. Es el dólar norteamericano la moneda que asume el rol de depósito de valor, como así también unidad de cuenta para bienes de capital y patrón de pago diferido en las deudas de largo plazo.
4-En la búsqueda de maximizar el aprovechamiento de las reservas internacionales disponibles, tal vez fuera posible la apelación a los SWAP con la República Popular China, evitando su pasaje a dólares estadounidenses para facilitar la negociación, en la cancelación de deudas comerciales que nuestras empresas van contrayendo con sus proveedores de aquel origen.
5-Propuesta elaborada por el Lic. Pablo Challú.

*MM y Asociados