Es probable que hayan visto en diferentes sitios audiovisuales videos de realidad virtual, incluso que hayan usado esas incómodas antiparras donde se encaja el celular para utilizar tales aplicaciones. Algunas son divertidas y funcionan especialmente con niños. Pero un rato, nomás: después de un tiempo de mover la cabeza, empieza a ser engorroso y aburrido. Sin embargo, en los países centrales y especialmente en Estados Unidos, se considera que la VR ("virtual reality") es el futuro del entretenimiento audiovisual. Pues bien, como siempre en estos casos, el porno se adelanta a lo no porno y ya hay literalmente petabytes de material porno VR ("petabytes" equivale a mil terabytes, o un uno seguido de quince ceros de bytes) como para testear su efectividad y probable masividad. Adelantándome un poco a la pregunta que deben hacerse... no, no pasa naranja.

Hace un par de años escribimos por aquí una columna respecto de la experiencia con ese aparato atado ante los ojos y aseguramos que no era nada agradable. Pero como la tecnología avanza rápido y las cosas cambian, y como además el material se multiplicó de modo exponencial, era hora de darle una segunda chance. Eso y también tratar de explicar más claramente cuáles son las contras del sistema. Empecemos por lo básico: puede entrar a Pornhub y colocar en la caja de búsqueda "VR". Los videos se pueden ver en el browser de su PC y se puede "mover" el punto de vista dentro de la ventana de visionado colocando el cursor con el botón izquierdo del mouse apretado y desviándolo hacia cualquier parte. Va a recorrer la imagen mientras esta se desarrolla ante sus ojos. Con el visor especial y el celular, esto no es necesario: el video se mueve para cambiar el punto de vista físico siguiendo las oscilaciones de nuestra cabeza.

También verlo en una pantalla como la de la PC, que no está diseñada para una sensación inmersiva total como las antiparras, implica que veamos "plano" lo que debería de tener una perspectiva esférica. El resultado consiste en que, en ciertos momentos, vemos cabezas desproporcionadas y monstruosas que nos recuerdan a un trip ácido, o partes del cuerpo hipertróficas. Es el efecto óptico de pasar de un gran angular esférico a una imagen completamente plana, dijimos, pero para esta evaluación decidí pasar por alto este defecto. Los problemas de la VR aplicada a un tema específico (en este caso, el porno) revelan tanto las limitaciones del formato como las del porno mismo. De allí que termine siendo bastante interesante el resultado de la experiencia. No la experiencia, dicho sea de paso.

Pues bien. En la mayoría de los videos, una o varias señoritas enjundiosas se acercan al espectador. En la pantalla, el usuario se ve continuado por el sexo de quien, seguramente, esté filmando. Vale aquí un reconocimiento profesional a esos señores capaces de mantener en foco el plano y una erección respetable mientras hasta tres pornostars están ocupándose de su miembro viril. Quienes tenemos problemas para servirnos un café mientras escribimos saludamos humildemente. Volvamos: el problema de base es que ese plano continuo y único no es más que una repetición de gestos y mohínes, y de orificios que se acoplan y se desacoplan. En mi caso, traté de mover el video para ver un poco el ambiente, pero ese "mundo" virtual es bastante acotado, y de paso la decoración deja bastante que desear porque se requiere mucha luz. Esto implica pocos elementos más allá de las personas involucradas en el acto.

Es decir, es aburrido. Un filme pornográfico -un filme pornográfico real, con desarrollo e inserción de las escenas hardcore en una trama- tiene variedad, tiene planos diferentes, tiene cambio de imagen. Si está bien realizado, los planos duran lo justo para que veamos todo y querramos seguir mirando. Esa alternancia, que es por cierto imperativa -no podemos "elegir" qué ver-, es la que nos genera interés no solo en una película porno sino en cualquier película: nos preguntamos "qué sigue" y queremos saberlo. Es cierto, en un video VR tampoco podemos elegir mucho qué ver. Pero solo podemos mover nuestra mirada dentro del acotado rango de una persona tan sentada y fija como nosotros, mientras que en un filme cualquiera salimos de esa situación. El artificio cinematográfico se basa en que la pantalla no reproduce nuestra situación (si lo hace, como en la gran Ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, es para "tematizar" esa impotencia del voyeur cinéfilo) sino que nos crea la ilusión de estar en otra u otras partes. De viajar, por decirlo de manera fácil. Aquí eso no sucede.

Y eso nos lleva al punto central: no hay personajes en los videos VR. Los cuerpos son solo eso, cuerpos que se mueven e interactúan. Pueden "interpretar" el placer sexual o la excitación, por cierto, pero también dentro de un rango muy acotado como para que el artificio no se caiga a pedazos demasiado pronto. Además, hay otra sensación extraña en el caso de que alguien "entre" en el juego. Al no haber ninguna sensación física (especialmente el tacto, el olfato y el gusto están excluidos), lo que se impone es la frialdad. En el cine porno esto se suple justamente con el juego constante con la ansiedad del espectador por alcanzar esas sensaciones. Dicho de otro modo: nuestra mente "cree" que, si seguimos mirando o aparece una imagen nueva, vamos en algún momento a reproducir lo que sienten los personajes. Y de algún modo eso se consigue porque el cuerpo queda motivado por la propia excitación de la curiosidad, de la ansiedad, incluso de la angustia. En un plano fijo que muestra todo sin pausa, eso desaparece.

Ahora bien: podemos decir que esto no sucedería en videos más sofisticados que ya existen. Por ejemplo, entre nosotros, el cineasta José Campusano realizó en Nueva York un largo con esta técnica, Brooklyn Experience, donde el espectador elige desviar la mirada respecto de los personajes, lo que genera un relato diferente para cada uno incluso sobre las mismas imágenes. Pero si se trata de un género de sentido único como la pornografía, resulta apenas un juego inocuo que disuelve la fuerza potencial de las imágenes. Veremos cómo se acopla en el futuro. Por ahora, carece de cualquier peso.