No cabe duda de que la irrupción del coronavirus Covid-19 ha desencadenado una multiplicidad de efectos que no tienen precedentes en el orden local ni en el internacional.

Las medidas de aislamiento social obligatorio que, con diferentes intensidades, se han impuesto como regla en el mundo aparejan una parálisis inducida de la actividad económica, que acarrea peligros severos: la amenaza cierta de la insuficiencia en la Oferta de bienes y servicios esenciales.

Mucho más en nuestro país, que, como hemos dicho "àenfrenta la pandemia de Covid-19 bajo el sino de la Supercrisis (1) de Cambiemos aún irresuelta, contexto que limita severamente los ‘grados de libertad’ y las capacidades de respuesta ante los trastornos concurrentes" (2).

Por lo mismo, los prexistentes defectos en la Demanda y en la Oferta, se magnifican.

La singularidad de esta coyuntura, de no mediar respuesta farmacológica, tiende a extenderse en el tiempo, sumando a las restricciones fiscales y del sector externo, las que se producen en un entramado empresarial severamente deteriorado y un mercado laboral sobre el que recaerán las paradójicas consecuencias de que habrá personas que mantendrán empleos en los que no pueden trabajar por motivos sanitarios, mientras que otras deambularán ofreciendo su fuerza de trabajo sin conseguir ser contratados.

De modo que son múltiples los desafíos que se superponen porque, así como deben atenderse adecuadamente las necesidades de prevención de contagios y protección de las personas que conforman las poblaciones de riesgo, también la recuperación (que será gradual) de las rutinas productivas requerirá de vigilancias especiales que garanticen el funcionamiento de los segmentos claves y prioritarios.

Si la iniciativa oportunamente anunciada por el presidente como Consejo Económico y Social para el Desarrollo Argentino se redefine como el ámbito para la determinación de las prelaciones correctas, así como para la resolución de las inevitables tensiones derivadas de su administración, podría superarse con los mínimos perjuicios posibles esta compleja situación, lo que centralmente depende de la capacidad de planificar y articular inteligentemente los esfuerzos -ingentes y concurrentes- de todos los sectores que protagonizan el quehacer económico y social de nuestra Patria.

No todo es igual

Insistimos que, entre el conjunto de restricciones que la economía argentina enfrenta en la etapa, se destaca la necesidad de una meticulosa aplicación del "bien escaso" que son las divisas (3).

Decíamos la semana pasada: "a nadie puede escapar que la producción y circulación de bienes y servicios esenciales para la población depende, en grado sumo, de la provisión de suministros y bienes importados, hoy severamente trastornada y que, por lo tanto, una significativa porción de las probabilidades de minimizar las consecuencias de la pandemia, dependen de la pertinencia y precisión de las decisiones de tal abastecimiento a nuestro mercado." (4)

Ello implica una matriz decisional que, en las actuales condiciones domésticas, exige extremas limitaciones en la accesibilidad a divisas con destinos no prioritarios, de modo de garantizar su liquidez para el sostenimiento de las producciones esenciales.

Entre las prioridades que no admiten recortes ni mora, se encuentran los requerimientos de importaciones para los complejos industriales que abastecen a la población de alimentos y bebidas, de energía -en todas sus formas-, así como los servicios de salud, y los de logística y comunicaciones, amén del fluido funcionamiento de todos los procesos relacionados.

Cada una de estas ramas, se componen por los múltiples subsectores en los que hasta la más pequeña de las perturbaciones puede derivar en la ausencia de alimentos en las estanterías y mostradores, o la falta de agua potable o electricidad, como ejemplos de lo delicado de sus procesos de producción y distribución.

No es la primera vez que la Argentina debe recuperar la actividad económica desde pisos muy bajos, pero sí es novedoso el marco de restricciones que operan como entorno.

Luego del colapso de la convertibilidad, habiéndose restituido los equilibrios macroeconómicos, los incentivos a la Demanda permitieron la relativamente rápida expansión de la economía.

La disponibilidad de dólares producto del abultado superávit comercial permitió proveerlos a todas las actividades que los fueron requiriendo, asignación que fue realizada por los mecanismos de mercado, en la medida que la Demanda lo fue determinando.

Sólo tal contexto de suficiencia de divisas permitió que los estímulos a determinados consumos pudieran ser correspondidos por el lado de la Oferta, capacitada para reaccionar en tanto se cumplimentaran las condiciones necesarias: la capacidad ociosa como punto de partida y el acceso irrestricto a las compras de insumos extranjeros, dado el superávit, en base Caja, de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos.

Las actuales restricciones no sólo impiden la reedición de aquel set de soluciones, sino que imponen la necesidad de planificar la asignación de los recursos (dólares) (5), ya que, si quedara librada a la dinámica del mercado, probablemente los "consumos suntuarios" se realizarían a expensas de los esenciales. "Sólo así podrá impedirse que el ‘todo está permitido’, por la fuerza de los hechos se convierta en un drástico ‘todo está vedado’, decíamos la semana pasada (6).

Inteligencia práctica

Planificar implica establecer prioridades y restricciones fundadas para atender, en tiempo y forma, las necesidades de la población vía el funcionamiento del aparato productivo y de las instituciones estatales.

Sin contar con la inteligencia práctica que cotidianamente logra mantener, aún en los contextos más hostiles, el funcionamiento del entramado productivo nacional será imposible resolver exitosamente las encrucijadas del momento.

La evidencia de que el camino hacia la recuperación de la "normalidad" de la actividad económica será gradual y segmentado magnifica la importancia de la coordinación de las decisiones y, con ello, la potencialidad del Consejo Económico y Social para el Desarrollo Argentino, que debería convertirse en el ámbito de rectoría que permita administrar con eficiencia y eficacia las tensiones derivadas de las concurrentes restricciones.

Hemos sugerido, en anteriores entregas, algunas medidas de alivio al estrés del sector externo.

Y, del mismo modo, señalado la necesidad de instancias institucionales apropiadas para la determinación de prioridades y urgencias (7), es decir el establecimiento de los marcos decisionales y normativos que, en estas circunstancias de excepción, optimicen la integración del saber práctico del sector privado (empresarios y trabajadores) a las atribuciones y capacidades del sector público.