La definición de salud de la tan mencionada OMS dice: "La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedad".

Es muy importante realizar correctamente la cuarentena, que muy operativamente y a tiempo se ha generado, con buenos resultados epidemiológicos, sabiendo además, que se corrigen decisiones sobre la marcha, ya que estamos en una situación inédita y con un germen nuevo del que se van descubriendo cuestiones día a día.

Conocer el mensaje correcto para la población y las posibilidades conductuales individuales y sociales es esencial para el éxito de las medidas, tanto en la población con salud mental normal como la que se afectó en forma repentina y, especialmente, para las personas que padecían una enfermedad de salud mental.

El lenguaje utilizado y la comunicación serán esenciales para la comprensión de consignas por parte de la ciudadanía y de quienes se les marcan; dirigentes, periodistas y personal de salud.

El ser humano es una especie social por excelencia, su capacidad gregaria no es solo una posibilidad sino una necesidad. La suspensión grupal puede afectar esta función innata, alterando dos de los puntos de la definición de salud: lo social y lo psíquico.

En realidad, esta cuarentena no propone un real "aislamiento social" entre las personas sino un "aislamiento físico". Se requeriría entonces de mayor relación social, pero sin contacto físico, permaneciendo en los hogares. Esto sugiere, en forma compensatoria, un aumento de las relaciones subjetivas, a través de las redes y/o de llamadas telefónicas.

Charlas familiares, dibujos, poesías, música, entre otras, son actividades muy aprovechadas por la sociedad en este momento. Es necesario realizarlas en toda la población, pero especialmente en niños, adultos mayores y pacientes con dificultades psíquicas o físicas.

La interacción social es una función clave en la construcción cultural del humano. Acuerdos empáticos y criterios sociales son básicos para sentirse "nosotros" y no "yo". Así se fue construyendo la base de la cooperación del homo sapiens.

Existe una regla que postulan algunos neurobiólogos: a mayor cerebro, mayor capacidad socializadora. Cuanto más masa encefálica, más urbes.

El ser humano es el único ser biológico que consiguió conquistar los cinco continentes. Se piensa que la capacidad de cooperación, incluso con sujetos desconocidos, intervino en la supervivencia de nuestra especie. Igual que la capacidad de abstracción, base de la intersubjetividad.

Para hacerse gregario, el cerebro no solo debe abstraer sino también poder comunicar. Además de manejar herramientas simbólicas, como dibujos, música o danza, que representen cuestiones expresivas.

Para relacionarse se debió desarrollar una función cognitiva compleja, que habría ayudado muy activamente al crecimiento empático: es decir, "entender lo que le pasa al otro", llamado también "metacognición intersubjetiva" o "teoría de la mente". Conocer al otro pudo llevar a asociarse, interaccionar, emocionar y cooperar.

Estas posiciones colaborativas parecieran estar relacionadas con la supervivencia de nuestra especie, contra el otro humano que cohabito el mundo con nosotros, el neandertal. Que parece haber sido menos sociable, no conformar o adaptarse a grandes grupos, con mayor capacidad de enfrentar diferentes adversidades y así extinguirse.

Existe un interesante metaanálisis de neuroimágenes funcionales del cerebro sobre la intersubjetividad social, que coincide en que las poblaciones orientales priorizan la activación de áreas cerbrales de empatía social, anteponiendo a la comunidad. En cambio, en los cerebros occidentales se activan zonas del pensamiento individual, cuestión que nos diferenciaría en la respuesta a una cuarentena.

Podría tener relación con el desorden que se observó en Madrid hace unos días, al abrir parcialemente el aislamiento. Es importante darnos cuenta que las sociedades cooperadoras, como sucedió con el homo sapiens, son las que sobreviven.

Lo ideal es que, suspendidas las relaciones sociales, por lo menos se mantengan las comunicaciones alternativas, por Internet, por celular o, mucho mejor, por videoconferencia (los que puedan).

Algunos científicos relacionan a nuestra capacidad y necesidad social con sustancias internas. Existen hormonas como la oxitocina asociadas a la afectividad social; de hecho se la llama la hormona del abrazo, hoy inhibido. La respuesta a esta hormona facilita la cohesión grupal. Asimismo, se ha observado secreción de esta hormona en los abrazos, tanto en humanos como en animales.

Muchos trabajos y la práctica cotidiana demuestran que no es lo mismo una teleconferencia que contactarse personalmente. En ese sentido, es muy interesante el trabajo desarrollado por el grupo de Patricia Kuhl, de la Universidad de Washington. Este grupo observó que el contacto social es clave para aprender las cuestiones del lenguaje. Así, solo los niños que se relacionaban con personas bilingües que las cuidaban en forma presencial aprendían correctamente un segundo idioma, contra los que solo veían videos de gente hablando en otro lenguaje. Es decir, los niños debían tener a las personas en el lugar, no bastaba un video para aprender a hablar. Se comprendió de esta forma lo importante de la intersubjetividad y de la guía sensorial del otro para la incorporación cognitiva.

Indudablemente se requiere de contacto social para desarrollar el cerebro y sustentar una correcta empatía. Por lo contrario, una ausencia prolongada podría llevar a padecer o agravar situaciones de alteraciones de salud mental. También puede generar dificultades emocionales o intelectuales en el niño, deterioros intelectuales y emocionales en pacientes cognitivos y también en adultos mayores.

La empatía, es una función que permite explicar diferentes posibilidades de las relaciones subjetivas, relacionarse, cooperar y entender intersubjetivamente a la otra persona. Esta función se basaría en las neuronas en el espejo, descritas por el neurobiólogo Giacomo Rizzolatti, de la Universidad de Parma, hace ya varios años. Siendo neuronas que se prenden ante lo que hace el otro, tanto ante actos motores como ante factores afectivos.

Deberíamos pensar qué sucede en los humanos con esta función cuando se los mantiene encerrados por tanto tiempo, en lugares pequeños y antinaturales. Pensemos en novios que no se ven hace más de un mes, padres que no contactan a sus hijos y viceversa, niños y adolescentes que no comparten con sus compañeros, además de los problemas económicos, laborales y educativos.

Los especialistas en salud mental y neurología cognitiva debemos estar muy atentos para entender la actual respuesta de las personas y prevenir una posible pandemia de enfermedades mentales.