No hay precio más político que el del petróleo. Y mucho más durante una guerra contra un enemigo invisible como el Covid-19. Lo saben en Estados Unidos, que compite con Arabia Saudita por ser el mayor productor del mundo y que vio caer en abril el precio de su barril de referencia, el WTI, USD37,63, la baja más grande en toda su historia. Rusia, que también sabe qué son las armas y el petróleo, lo que decide la suerte de los imperios en la modernidad, tampoco confía en los mercados y en los técnicos que lo representan y por eso se trenzó en una trifulca por la cotización del barril de crudo con los saudíes, luego del descenso del precio que se originó en la presunción de que la caída de la actividad internacional por el coronavirus generará una menor demanda.

En rigor de verdad, ningún país en el mundo del petróleo administra sus hidrocarburos sin analizar antes la geopolítica que sus balances corporativos. Acaso por esta razón es que el establecimiento de un barril criollo a USD45 (casi USD15 por encima del barril de referencia local, el Brent, que se negocia a USD30) debe ser leído más como una estrategia defensiva del Gobierno que como un modelo de negocios sostenible en el tiempo. Y es que de no ponerse un precio sostén muy por arriba de los del mercado, en un mundo que se desploma y cierra por el Coronavirus, es probable que en el mediano plazo Argentina deba volver a importar crudo, lo que arrasaría con empresas grandes, medianas y pequeñas, miles de trabajadores y dejaría a provincias y municipios quebrados.

En este contexto, la llegada de Sergio Affronti como nuevo CEO de YPF debería ser leída en el marco de una estrategia armada por la empresa para soportar una guerra mundial de precios. Affronti conoce la situación: no en vano en su presentación, hecha en video producto de las limitaciones que causa el distanciamiento social, Affronti agradeció enfáticamente a quienes se encuentran "en el frente de batalla" de todas las instalaciones y desde las casas. La llegada del flamante CEO es también el regreso de la política para YPF, tan necesaria como el barril criollo para una compañía donde sus acciones se hundieron producto de la crisis del Covid-19 y llegaron a un piso de USD3,50, lo que valúa a la compañía en unos USD1.500 millones. Aunque las acciones se recuperaron con la llegada de Affronti y el anuncio del barril criollo, lo cierto es que esa valuación despierta las malas intenciones de muchos fondos buitres. Y más cuando se esta reestructurando la deuda externa.

En tanto, el precio sostén tampoco debería ser una mala noticia para los consumidores o para las refinerías: después de todo, si bien es cierto que los precios están congelados desde diciembre de 2019, en ese momento el precio del Brent estaba cerca de los 65 dólares. La realidad en los surtidores muestra que, cuando se observan los movimientos de los precios y del crudo, no hay correlación directa. Los precios se van adecuando en forma moderada y constante teniendo en cuenta varios factores, entre los cuales el precio del crudo es una de las variables, entre las que la variable geopolítica parece llevar más que nunca la delantera.