China grava métodos anticonceptivos

China avanza con el despliegue de nuevas herramientas fiscales en su intento por frenar una de las tendencias más sensibles para su futuro económico: la baja natalidad y el acelerado envejecimiento de su población. A partir del 1° de enero, el gobierno comenzó a aplicar un impuesto del 13% sobre los anticonceptivos y, en sentido inverso, eximirá de ese tributo a los servicios de cuidado infantil, matrimonio y atención de adultos mayores. La decisión forma parte de una estrategia más amplia para modificar los incentivos que influyen en las decisiones reproductivas de los hogares.

La reforma marca un giro simbólico. Desde 1994, China mantenía exenciones fiscales sobre anticonceptivos, en línea con la política de hijo único que rigió durante décadas. Actualmente, con la población en retroceso por tercer año consecutivo y con un perfil etario cada vez más envejecido, Beijing busca desmontar los instrumentos que desalentaron los nacimientos y reforzar aquellos que alivian el costo tanto de criar hijos como de cuidar ancianos.

Alcances

Los números reflejan la magnitud del problema. En 2024 nacieron cerca de 9,54 millones de bebés, aproximadamente la mitad que una década atrás. En 2019, los nacimientos rondaban los 14,7 millones. En paralelo, la población total comenzó a achicarse y China perdió en 2023 el liderazgo como país más poblado del mundo, superado por India. El envejecimiento acelerado tensiona el mercado laboral, el sistema previsional y las cuentas públicas, en un contexto de menor crecimiento económico. Desde el gobierno plantearon que el paquete fiscal apunta a reequilibrar los incentivos. Eximir del IVA al cuidado infantil y de personas mayores busca reducir uno de los principales obstáculos que mencionan los jóvenes para formar familias: el elevado costo de crianza y atención. Sin embargo, el gravamen sobre los anticonceptivos despertó críticas y burlas en redes sociales, donde muchos usuarios minimizaron su impacto frente al gasto estructural que implica tener hijos. Las dudas también aparecen entre especialistas. Demógrafos y analistas advierten que encarecer los anticonceptivos difícilmente modifique las decisiones de fertilidad. La evidencia sugiere que factores como la precariedad laboral, el precio de la vivienda, la falta de tiempo y las expectativas profesionales pesan mucho más que el costo de métodos de control natal. En ese marco, varios expertos califican la medida como simbólica y de efecto limitado.

Objeciones sanitarias

A las objeciones económicas se suman las sanitarias. Profesionales de la salud alertan que precios más altos pueden reducir el acceso a la anticoncepción, especialmente entre jóvenes y personas de bajos ingresos, y derivar en más embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual. China reportó en 2024 más de 670.000 casos de sífilis y más de 100.000 de gonorrea. Además, el país registra históricamente una de las cifras de abortos más altas del mundo, con entre 9 y 10 millones anuales hasta 2021. El debate también reaviva tensiones sociales. Muchas mujeres interpretan el nuevo impuesto como una continuidad del control estatal sobre la vida reproductiva, tras décadas de intervenciones directas que incluyeron sanciones y abortos forzados durante la vigencia del hijo único. A lo largo de los últimos meses surgieron denuncias sobre llamados de funcionarios locales para consultar sobre ciclos menstruales y planes de embarazo, prácticas que, según analistas, erosionan la confianza pública.

Nuevo modelo

Desde una perspectiva fiscal, el impacto recaudatorio del impuesto luce marginal. El IVA representa alrededor del 40% de los ingresos tributarios de China, que el año pasado rondaron el billón de dólares. En ese marco, el desafío central no pasa por sumar recursos sino por redefinir un modelo demográfico que permita sostener el crecimiento a largo plazo. La lucha contra el envejecimiento aparece así como una carrera contrarreloj. Beijing ajusta impuestos, ofrece subsidios y ensaya incentivos, pero enfrenta límites claros: gobiernos provinciales endeudados, cambios culturales profundos y una generación que prioriza estabilidad y desarrollo personal. Revertir décadas de políticas y tendencias demográficas exige algo más que retoques fiscales. China ya lo sabe y el tiempo juega en su contra.