Pasos fronterizos retoman su ritmo habitual a pesar de la militarización
Los puentes internacionales que conectan Colombia con Venezuela se vieron alterados en su rutina a partir de los cambios políticos registrados tras la detención de Nicolás Maduro. A 800 kilómetros de Caracas, del otro lado del río Táchira, Cúcuta concentra la atención como una de las zonas más transitadas por personas de a pie, vehículos particulares y de alquiler, transporte público y camiones, a los que se sumaron los tanques apostados como apoyo.
Crónica TV recorrió los puentes Simón Bolívar y Anastasio Girardot, dos pasos que están ubicados en Cúcuta (el tercero es Francisco de Paula Santander) y que son parte de los siete oficiales. Allí se busca retomar el movimiento cotidiano a pesar de la fuerte presencia militar, reforzada en distintos tramos de la frontera como parte de las medidas desplegadas por la crisis política en Venezuela. El equipo de Crónica, integrado por Rodolfo Bazán, Amalia Díaz Guiñazú y Matías Guardia, hizo el recorrido y dialogó tanto con colombianos como con venezolanos que tienen que utilizan habitualmente el paso, aunque muchos prefirieron no salir en cámara. Los flujos de personas que cruzan desde Venezuela se mantienen estables y dentro de lo que se considera normal para esta temporada, sin repuntes súbitos luego de los recientes acontecimientos políticos. A pocos metros, sin embargo, la lógica territorial parece distinta. Tropas y tanquetas se despliegan en puntos estratégicos, como señal de control que tanto Bogotá como Caracas buscan ejercer sobre una frontera que históricamente ha sido permeable y de alto tránsito. La incertidumbre económica y geopolítica ronda los pasos fronterizos desde que, a mediados de la última década, los venezolanos y los colombianos comenzaron a vivir una polarización más intensa alrededor de infraestructuras claves como los puentes Simón Bolívar y Tienditas, cuyo protagonismo se remonta a 2014 y que, a pesar de haberse completado años después, quedó bloqueado por contenedores durante largos períodos en medio de disputas diplomáticas. Ahora, ese paso fronterizo está dominado por el paisaje de taxis que esperan ser llamados para un viaje, ya que no circula otro medio de transporte público. Mientras tanto, la gente común continúa cruzando para realizar compras más económicas, visitar familiares o incluso para buscar nuevas oportunidades de trabajo.
