Hay un concepto que empieza a sonar cada vez con más fuerza, incluso en un panorama dominado por la pandemia. Se trata de la Huella de Carbono. Pero, ¿qué significa? Es una forma de medir, cuantificar y generar un indicador para saber cuál es el impacto de una actividad sobre el cambio climático y el ecosistema.

La huella de carbono se define como el conjunto de emisiones de gases de efecto invernadero producidas, directa o indirectamente, por personas, organizaciones, productos, eventos o regiones geográficas, en términos de CO2 equivalentes.

Se trata de una herramienta que le permite conocer a cada empresa y persona cómo afecta su actividad a través de las emisiones, y, lo mejor del caso, es que abre la oportunidad para preguntarse cómo es posible mejorar los números y generar procesos más eficientes desde el punto de vista medioambiental.

¿Ahora bien, qué sucede con la huella de carbono, la construcción y los edificios? El Informe del estatus mundial de edificios y construcción, que elaboró la Alianza Global para los Edificios y la Construcción en 2020 asegura que los edificios no vienen aumentando el consumo de energía eléctrica, que es una de las mayores fuentes de CO2, sí se percibe una mayor dependencia de las viviendas de esta fuente de energía.

Frente a este contexto, la Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que las emisiones directas de CO2 de los edificios deberían reducirse a la mitad para 2030, y las emisiones indirectas del sector de la construcción en un 60% para lograr la meta del objetivo de cero emisiones netas de carbono para 2050.

Ahora bien, para trabajar en pos de estos objetivos es imperativo dotar a los edificios de fuentes renovables de energía. Al mismo tiempo, es preciso trabajar con materiales sostenibles, que incluyen materias primas naturales como fibras vegetales, arcillas y piedras, siempre con buen rendimiento térmico para brindar una primera base de climatización de los espacios interiores.

Existen herramientas de la arquitectura clásica que deben ser retomadas en las nuevas construcciones para bajar el uso de energía, como los grandes ventanales, la correcta orientación y la ventilación natural. Esto último, además, se volvió indispensable en tiempos de pandemia, tanto para viviendas como para oficinas y edificios públicos.

Por último, hay algo que se puede hacer extra a la construcción en sí misma: es la compensación de la huella de carbono. Aunque se trate de un edificio verde, siempre habrá alguna emisión, por eso es bueno tener en cuenta que se pueden apoyar otras actividades que estén trabajando en pos de eliminar la huella de carbono o apadrinar kilómetros de bosques para que se salven de la deforestación y así tenemos más oxígeno disponible en el planeta.

* Director de QE2 Construcciones SRL.