Junto con la pandemia de coronavirus, hay otra amenaza que aumenta: los ataques cibernéticos. Estos últimos meses, Internet se posicionó como el canal para interactuar y la forma principal para trabajar y estudiar. Hoy, más que nunca, dependemos de las herramientas digitales. En este contexto, muchas organizaciones vieron la necesidad inmediata de migrar a la digitalización y perfeccionar e implementar diversas estrategias, tácticas e iniciativas que les permitan responder a coyunturas como esta.

La ciberseguridad se convierte entonces en un asunto que no espera, fundamental para sobrevivir en un mundo cada vez más digital. La cuarentena nos ha permitido ver que las empresas y su información son vulnerables, mucho más cuando los empleados están trabajando de manera remota y la información se encuentra "más a la vista". Contar con estrategias y planes de acción que permitan cuidar este activo tan importante es fundamental para que durante y después de esta situación, las compañías tengan sus datos protegidos.

Muchas empresas optaron por las herramientas cloud debido a la agilidad que proporcionan: permiten responder en cuestión de segundos y de manera flexible a la solicitud de servicios de los usuarios. Ofrecen una gran capacidad de almacenamiento y seguridad de la información, ayudando a evitar la pérdida de la misma, los ataques cibernéticos y optimizar recursos, entre otros beneficios que las convierten en la respuesta óptima a esta realidad. Así mismo, es posible hacer uso de las aplicaciones de la nube desde cualquier dispositivo con acceso a Internet, lo que facilita la implementación de horarios flexibles y metodologías de trabajo remoto.

 Otros apuntan a la innovación con el uso de IA, que les permita descubrir si se tiene algún tipo de amenaza o vulnerabilidad e identificar lo que el atacante está haciendo, ver hacia dónde va y cómo bloquearlo.

O bien la seguridad como servicio: todos los productos de seguridad de TI se van convirtiendo en servicios adaptados y administrados a medida que las organizaciones se dan cuenta que no pueden escalar sus recursos lo suficientemente rápido para responder a las amenazas actuales.

Sin embargo, nada de esto puede tomarse a la ligera. Una migración digital no debe perder de vista la cultura organizacional, para incorporarla desde el conocimiento. Y, sin lugar a duda, también debe incluir una estrategia de seguridad informática.

Un ciberataque podría causar no sólo el robo de información sino también perjudicar la operación diaria. Sin embargo, el activo que más está en riesgo es la reputación corporativa. La combinación de las consecuencias económicas y del daño reputacional puede resultar fatal: según datos de la National Cyber Security Alliance de EE.UU., el 60% de las PYME desaparece dentro de los seis meses siguientes a sufrir un ciberataque.

Las pequeñas y medianas empresas son las que menos invierten en Ciberseguridad, erróneamente creen que no poseen información que resulte atractiva para los ciberatacantes. Incluso, a veces suelen optar por herramientas gratuitas que no garantizan un soporte completo y mucho menos una disminución de los ataques informáticos. En este rubro, el manejo de empresas de todos los sectores y tamaños debe hacerse a través de servicios con experiencia. Requieren de una orientación diferente con base en los nuevos riesgos y el aprovechamiento de soluciones avanzadas y de nueva generación en seguridad, con capacidades de conocimiento e inteligencia artificial para contrarrestar ciberataques que se vuelven más personalizados.

De la misma manera que la pandemia COVID-19 demanda de profesionales y cambios en nuestras rutinas sociales para frenar los contagios, un alto nivel de ciberseguridad requiere de una migración digital acompañada de expertos que conozcan las herramientas que traen efectividad, seguridad y mayor productividad empresarial para continuar en esta nueva realidad.

* Director Consultoría y Diseño de InterNexa Argentina