Fabián Gregorio, CEO de PSJ Cobre Mendocino: “La histórica aprobación del proyecto fue una construcción colectiva”
Abogado mendocino especialista en minería, lleva años batallando por la explotación del yacimiento de Uspallata. Dice que beneficiará hasta a las ciencias blandas. Dimensiones, alcances, plazos y detalles del emprendimiento.
Fabián Gregorio cumple la función de CEO de PSJ Cobre Mendocino. Es la empresa que pertenece a Zonda Metals GmBH (Suiza) y Alberdi Energy (Argentina), y que impulsa el proyecto minero San Jorge, ubicado en Uspallata. Es una abogado mendocino que hace muchos años trabaja para que esa actividad, que ha generado tantas controversias, sea posible en la provincia. Conoce de idas y vueltas. Conoce de días intensos. De alegrías y fracasos. De largas noches esperando la oportunidad (sobre todo política) y luces, como las que se divisan después de la aprobación de la Declaración de Impacto Ambiental, conseguida horas atrás en la Legislatura de Mendoza, consignó Mendoza Today.
“Ha sido un año intenso, pero todavía queda mucho trabajo por hacer”, reconoce a Mendoza Today. Se refiere a los pasos a seguir, ya con el camino despejado, para que en dos años la provincia empiece a producir cobre, uno de los minerales más demandados en el mundo por la llamada “reconversión energética” y que Argentina produce cantidades mínimas, tras el cierre Bajo de la Alumbrera (Catamarca), en 2018.
-Usted ha batallado mucho tiempo por San Jorge. Atravesó vientos de cola y, sobre todo, de frente. ¿Qué sintió el jueves 11, cuando se aprobó el DIA que le dio luz verde al proyecto?
-Desde lo personal, lo viví de una forma muy particular porque he dedicado muchos años para que esto fuera posible. Lo consideré como un hito de la empresa. Sin ninguna euforia, por supuesto, pero con la justa satisfacción de haber cumplido esta etapa. Era necesario, pero en un proceso muy largo. Todavía quedan pasos importantes. Estoy satisfecho: no fue una sesión más de la Legislatura.
-¿Coincide entonces en que fue una jornada histórica?
-Sí, fue un hecho histórico para la provincia y también un poco para el país, porque reinicia una etapa productiva. Digo reinicia porque la última mina fue Bajo la Alumbrera, que cerró por el año 2016-2017. Esta es una nueva puerta productiva que se abre para la Argentina. Hay proyectos más grandes, que ya conocemos, que están en danza en San Juan, en Catamarca, en Salta, que esperan su momento y lo van a encontrar seguramente. Pero por esas cosas de la vida, San Jorge continúa estando en la pole position: es un proyecto competitivamente muy bueno, muy rentable, y que tiene facilidades energéticas, de recurso hídrico y logística muy valiosas.
-Quienes están a favor de la minería dicen que fue una “construcción colectiva”. Participó la gente, la política, el sector privado, universidades, organismos técnicos, etc.
-Eso es cierto, pero más que nada, vi un proceso de maduración, tanto de las organizaciones civiles, de los organismos académicos y científicos, como de quienes están en espacios gubernamentales y nosotros mismos como empresa. Si bien las expresiones de disidencia siempre existieron, la gente estaba dispuesta a entender de otro modo de qué se trata la actividad minera. También vivimos una era comunicacional muy activa, muy diferente comparada con quince años atrás, que ha servido para comunicar y para informar mejor. En definitiva, los miedos nacen muchas veces por la desinformación y otras veces por la desinformación organizada. Pero esto ha sido muy positivo, ni hablar del contexto social y político en general, que también puso su parte.
-Da la sensación de que Alfredo Cornejo y parte de la oposición pusieron la voluntad política (por decirlo en forma elegante) que faltaba.
-Por supuesto. El factor político fue clave. No porque lo vaya a hacer más o menos sustentable, pero sí la decisión de empujarlo y llevarlo adelante. Me parece que, tanto a nivel nacional como provincial, hubo esta vez una voluntad política diferente que antes no se había visto. En ese sentido, es para resaltarlo. Nos encontramos con un gobierno que ha tomado las cosas con determinación, lo cual es crucial para desarrollar la actividad. En definitiva, es desarrollar una industria que es de interés público, como lo marca la minería y el propio Código Minero.
-Además, los recursos mineros -como sucede con el petróleo- pertenecen a la Provincia.
-Sí, las minas son del Estado provincial. Nosotros como empresa somos meros concesionarios, que estamos obligados a presentar una propuesta, cuya Declaración de Impacto Ambiental no sólo tiene que ser aprobada. Después recibimos una serie de instrucciones para ejecutarlo. Y si no lo hacemos como corresponde, todos esos permisos pueden revocarse. La ciudadanía no tiene que perderlo de vista.
-Se entiende que cualquier problema dañaría la imagen, antecedentes, valor de las acciones de una marca minera en el mundo. ¿Eso se calibra también?
-Esta es una actividad muy regulada, pero también autorregulada. La autorregulación parte del mismo sector. Pocos sectores industriales en el mundo, tienen los niveles de autorregulación de esta actividad. El Estado, por supuesto, acrecienta ese poder de policía sobre la misma, lo cual nos parece bien.
-¿Mendoza ha sido demasiado exigente?
-Los requerimientos ambientales no solo son más exigentes acá en la provincia. Vienen creciendo a nivel mundial. Una publicación reciente estima que en los últimos años en Chile, que son los número uno del mundo en commoditys, las exigencias ambientales han crecido un 160%. Esto se ha traducido en mayores costos y a veces en la ralentización de algunos proyectos. Pero es una realidad, y la industria lo está asumiendo como tal. Estamos en esa misma línea.
-¿Puede incluso afectar la rentabilidad? ¿O a largo plazo siempre se recupera la inversión?
-Es muy complejo. Depende de cada proyecto. Cada mina es una historia en sí misma. Son muy distintos los modelos geológicos y los modelos económico-financieros de cada una. Hay minas de muy baja ley, y esta es de alta ley y tiene bajas complejidades. A algunos los afectará solamente el capital inicial; a otros, durante su vida operativa. Es muy dispar, no podría establecer un común denominador.
-Expliquémosle a los mendocinos qué sigue ahora en San Jorge.
-Ahora el proyecto cuenta con lo que se denomina una licencia operativa. Esto nos va a permitir continuar con los trabajos. ¿Qué trabajos vienen? Son los propios de cerrar los contratos con las empresas que van a hacer la factibilización del proyecto.
-¿Qué significa eso?
-Para que la gente lo entienda bien, la factibilización es ni más ni menos que darle mayor certidumbre a todos los números del proyecto, fundamentalmente a estos modelos geológicos, económicos, financieros, técnicos y logísticos. Derivará en una ingeniería de detalle. En el medio de ese proceso, cerca de mediados de año, queremos tener cerrado el financiamiento del proyecto.
-¿Cuándo se empiezan a ver los efectos favorables? Todo el movimiento de la economía que se ha prometido.
-Estamos en franco avance. Si logramos cumplir esta línea de tiempo, como lo venimos haciendo, vamos a estar en condiciones de empezar a adquirir la maquinaria y estar adelantados con el suministro de la línea eléctrica, porque seguramente vamos a comprometer un tendido eléctrico para la mina. Necesitamos 40 mega KV de potencia para que la mina funcione, y esto seguramente va a tener una externalidad positiva. Si eso ocurre, entre noviembre y diciembre de 2026, estaremos iniciando la construcción de la mina.
-Un año justo, digamos.
-Sí, nos hemos dado un año. Podría acortarse o extenderse, si hablamos de ingeniería, pero queremos hacerlo cuanto antes. Queremos aprovechar la ventana de oportunidad, obviamente cumpliendo con las exigencias, y honrar con una inversión real los permisos otorgados por la Provincia y entrar en el mercado aprovechando el buen momento que vive este commodity. Ya con esas inversiones iniciales inmediatas, empieza el requerimiento de trabajo, de gente que piensa, de gente que hace proyectos.
-¿Y la mano de obra, el trabajo operativo?
-Esos primeros movimientos ya empiezan a generar movimientos y requerimiento de talento y mano de obra. Sí, porque hay empresas de minería radicadas en Mendoza con mucha gente trabajando que va a estar involucrada en el proceso. A medida que vayamos cerrando esos contratos, vamos a ir contratando gente, y ni hablar de la línea eléctrica, que demanda costos de inversión real y personal involucrado.
-¿Cuándo se empieza a producir?
-El compromiso es que sean tres años muy intensos para poder poner en pie la mina, quizás dos años y medio. Después viene otra etapa: la de producción, con más de 600 operarios trabajando en el lugar y mucha gente involucrada en el empleo indirecto, ya que la mina debe suministrar todos los bienes y servicios que requiere. Una mina como esta tiene un costo operativo y anual de 120 millones de dólares para no detenerse. Esto es básicamente salarios, suministros varios, mantenimiento, costos de funcionamiento, energía y combustible, que mantienen vivo no solo el proyecto, sino también un tejido humano e industrial.
-Siendo que Mendoza todavía no se “autopercibe” como provincia minera, ¿tenemos en Mendoza gente capacitada o aprovechamos esta oportunidad para formarlos?
-Mendoza tiene lo más importante: hay talento humano. Hay muchas universidades públicas y privadas que vienen preparando gente. Quizás ahora deberían focalizarse con mayor especificidad en lo que la industria necesita. Pero en cuanto al suministro de bienes y servicios, se encuentra bastante preparada. De hecho, muchas empresas mendocinas, tanto del eje norte como del eje sur, hoy están suministrando servicios a la minería, no solo a nivel nacional sino también internacional.
-Sí, en San Juan hay algún capital mendocino.
-Y más lejos también. Siempre recuerdo que en Chile, cerca de la región de Atacama, vi una toma de agua de mar para una mina que estaba a 180 kilómetros hacia la montaña. Había varias subestaciones de bombeo de agua salinizada (que luego se desalinizaba), y todas las estaciones de bombeo habían sido fabricadas por una firma que está en Carrizal de Peñas. Hay talento y capacidad técnica para proveer servicios.
-La economía es un ida y vuelta. ¿No hay que temer que vengan los expertos en cobre chilenos y se queden con todo?
-Una empresa como la nuestra va a elegir al proveedor que mejor se adapte en calidad y costo. Nosotros siempre decimos que como empresa no necesitamos una ley de compre local porque tenemos el compromiso asumido con la comunidad. En realidad, nos conviene que esto sea así, no solo porque hay calidad. Para un proyecto minero, es bueno, además de tener la licencia operativa, tener la capacidad de fortalecer las licencias sociales internamente.
-La calidad se puede lograr, pero los costos argentinos a veces no dependen tanto de las empresas sino de la macroecomía.
-Los servicios que tenemos en nuestra zona son buenos. Podrá haber alguno que no estén en condiciones de prestar. Ahí se abrirá una ventana para otras provincias o algún operador internacional. Pero estamos hablando de un proyecto argentino. La intervención de empresas extranjeras estará involucrada en casos muy específicos. Por ejemplo, en maquinarias mineras y los mantenimientos y repuestos respectivos.
-Usted, Fabián, es abogado. Uno se imaginaría a un ingeniero liderando San Jorge. Los abogados también tendrán que ponerse a estudiar leyes mineras. Es otra oportunidad también para contadores, administradores de empresa.
-Tenés razón. Yo soy abogado de base, egresado en la provincia en la que nací. También soy MBA, egresado en 1994 del IAE, e hice management de negocios. Hace muchos años que estoy involucrado en el mundo de los negocios. Es decir, la minería es tan multidisciplinaria en sus requerimientos que invita a participar a gente de las ciencias duras, pero también de las ciencias blandas.
-¿Sí? Cualquiera diría que de las ciencias blandas vienen los mayores cuestionamientos hacia la minería.
-No, acá participan abogados, contadores, sociólogos, psicólogos, licenciados en trabajo. La verdad es que es amplísimo. ¡Hasta historiadores he visto involucrados en la materia! Se puede ver en el informe de impacto ambiental y en la consultora la cantidad de profesionales de diversas profesiones que están involucrados. Con lo cual se desmiente un poco que las ciencias sociales están en contra de la minería, porque hay mucho informe y mucha gente que se ha puesto a estudiar en serio el tema.
-No todo es dato duro en la vida.
-Tal cual. Cada vez veo más profesionales provenientes de las ciencias blandas involucrándose en esta industria. Es sorprendente. Se acercan a conocer y son requeridos por las empresas en el trabajo de informe, de análisis. Hoy la actividad tiene una connotación social inmensa, y requiere miradas muy especiales para entender la industria, para saber cómo establecerse en una región, para saber cómo interactuar. Cada vez se impone más. Eso va a ir creciendo. Es interesante, porque eso por ahí no se conoce en las urgencias de la discusión. Antes era nada más que ingenieros y geólogos. La actividad se tornó más compleja a nivel mundial. Las licencias operativas no solamente se requieren de datos duros.
-¿Es prematuro hablar de los mercados donde se venderá el cobre?¿O eso se mira cuando se arma el proyecto? La creciente reconversión energética en el mundo requiere del cobre.
-Sí, hay mercados específicos, hay interesados directos. Una gran demandante mundial de cobre que está traccionando la producción mundial, tanto en Chile como en el resto de los productores: China, todo el Lejano Oriente y la India. Pero hay compradores del concentrado de cobre (el producto final) que pueden estar localizados en otras regiones, como Europa.
-En Argentina no hay refinerías de cobre. ¿A dónde convendría hoy exportar el concentrado?
-Europa tiene refinerías y fundiciones que están interesadas en participar. Van a ser analizados, ya que cada una de ellas tiene sus requerimientos de trazabilidad del producto y sus exigencias. Tenemos que estar a la altura de la circunstancia y vamos a elegir aquello que sea más conveniente para la mina y que cumpla con todas esas condiciones de trazabilidad, para otorgarle prestigio al producto final, a la mina y a la toda la región. Esto también va a influir seguramente en los puntos logísticos de la exportación del concentrado de cobre. No es lo mismo que esté ubicado en el Atlántico o en el Pacífico.
-El viernes, después de la aprobación en Diputados, alguien publicó un tuit que lo identificado e, implícitamente, invitaba a agredirlo. ¿Lo vio? Debe ser fuerte ser cara visible de un proyecto con tantas presiones.
-Es una actividad que en más de una oportunidad ha generado controversia o polémica. Soy una persona, como todos los que componen esta empresa, que estamos abiertos. Nos mostramos. No solamente somos resistentes frente a la historia, sino también permeables a la discusión. Ninguno de nosotros tiene problema para caminar por la calle. Lo tomo siempre con mucha naturalidad y mucha comprensión. Jamás he tenido algún episodio de carácter desagradable que lamentar. Este tuit fue nada más que una expresión.
¿Una foto de la película, dice usted?
-Siempre digo: “Es una tarea de largo aliento”. Se ha hecho muy larga la película por la historia propia de San Jorge. Pero si se pone a ver el último tramo, esto empezó el 10 de enero, cuando nos pusimos en el radar. Si bien veníamos trabajando puertas adentro, haciendo un nuevo informe de impacto ambiental con una consultora, gastando mucho dinero e involucrando mucha gente, no estábamos bajo el radar. Pero de ese momento, todo cambió.
-¿Le parece que esta última etapa fue rápida, comparada con los años que llevan empujando el proyecto?
-Fue un proceso compacto, continuo, bastante exigente, pero que se formalizó en un paso razonable en términos comparativos a nivel mundial. Lo que pasa es que tomamos la vieja historia y nos retrotraemos a 2008, que es cuando empecé con esto. Ahí la película es larguísima, pero la foto del momento fue bastante ágil, aunque muy seria y exigente. Tuvimos cero concesiones. De hecho, tuvimos que hacer un nuevo informe de impacto ambiental. No nos reconocieron la Declaración de Impacto Ambiental anterior. Tuvimos que “repetir de grado”.
-Ahora quedamos un poco más cerca de Chile.
-Hay algo ilustrativo para resaltar. En términos comparativos con nuestro país vecino, que estamos tan cerca y tan lejos… A 65 kilómetros de Santiago de Chile, que tiene 7.4 millones de habitantes, funciona la mina Los Bronces, que opera Anglo American y produce 160.000 toneladas anuales de cobre. A 90 kilómetros tienen División Andina, de Codelco, que produce entre 160.000 y 180.000 toneladas. El Soldado está a 100 kilómetros en línea recta de Santiago y produce 40.000 toneladas, igual que San Jorge. Hacia el sureste está la mina El Teniente, que produce más de 300.000 toneladas.
-¿Y qué dicen al respecto los santiaguinos?
-En forma periférica, si sumás, se produce cerca de 1 millón de toneladas de cobre en forma satelital a Santiago de Chile. No existe ninguna situación de alarma por el agua, ni por la contaminación, ni por el polvo en suspensión. Todos cumplen con un estándar internacional suficiente para tranquilizar a una comunidad.
-Tampoco se escuchan conflictos con la agricultura.
-Claro, la minería convive con los otros sectores productivos. Por ejemplo, el año pasado Chile exportó 102.000 millones de dólares. Argentina, 77 millones. Algunos dirán: “Bueno, pero eso es cobre”. No, no es todo cobre. Hay 50.000 millones de dólares de cobre, pero hay otra mitad que no. ¿Y qué exportan en esa mitad, que es un montón, para las dimensiones de ese país? Vinos, pasas de uva, cerezas, ciruelas, salmón, de todo. Es una matriz productiva que se ha visto tan beneficiada por un flujo incesante de dólares, que permitió fortalecer a todos los demás sectores. Y con crédito blando.
-¿Qué responde a los anti-mineros cuando le hablan de que la minería perjudica el futuro de nuestros hijos?
-Pienso justamente en Chile. Estamos tan cerca y tan lejos… Ellos tienen una mirada absolutamente pacífica y orgullosa de la minería. Eso está bueno para explicarlo cuando dicen: “Hay que pensar las futuras generaciones”. Si te ubicás en el mapa futuro chileno, los nuevos yacimientos que están poniendo en producción te asombran. Hoy siguen luchando por el liderazgo mundial del cobre. Producen 6 millones de toneladas, les siguen los peruanos con 2.5 millones. Están acá al lado, y Argentina es cero. Y “San Jorgito” va a ser el primero.

