Es probable que el estreno del Episodio VIII de Star Wars logre disfrazar la profunda crisis que Hollywood -y, por arrastre, todo el sistema internacional de exhibición y distribución cinematográficas- vive en estos momentos. Este año, los tanques funcionaron en un nivel mucho -muchísimo- menor que en años anteriores, pero bien mirado es un declive anunciado (ya en 2015, incluso siendo año récord mundial, muchas películas quedaron por debajo de lo previsto). Un ejemplo: Transformers: El último caballero costó u$s217 millones y recaudó, globalmente, poco más de u$s550 millones. Esa recaudación es bruta, no lo que recibe el estudio. Es decir, fue un mal negocio, de allí que el spin-off Bumblebee, sobre uno de los personajes de la serie, sólo vaya a costar u$s70 millones, dado que Sony cortó presupuesto.

Lo mismo ha sucedido con Liga de la Justicia, una película de la que se esperaban u$s1.000 millones de recaudación global (fue lo que logró la anterior en la serie, Batman Vs. Superman) y sólo llegó, hasta ahora y con poco tiempo restante en salas, a los u$s614 millones globales. Compárese con Mujer Maravilla, de la misma firma y relacionada, que superó ampliamente los u$s820 millones (de paso destruyendo el mito de que "las mujeres superheroínas no venden", con un filme escrito, protagonizado y dirigido por mujeres). Sólo La Bella y la Bestia, de Disney, logró superar los u$s1.000 millones de recaudación en el año que aún no terminó. Seguramente lo haga Episodio VIII, pero el problema continúa.

Es el modelo "tentpole", pocas producciones muy grandes que, con sus ganancias, sostienen el resto. Pero hay un problema, si el "tentpole" no funciona, todo se viene abajo indefectiblemente, se vuelve necesario ajustar costos de producción futuros, etcétera. El mercado de la exhibición en salas está demasiado concentrado, y además genera un solo tipo de productos, lo que lleva a una saturación por parte de las audiencias.

Los espectadores tienen ciclos: ocho filmes de animación digital, ocho de superhéroes y varias secuelas de franquicias pueden llenar los cines, pero cada vez por períodos más cortos: salvo que se genere un fenómeno cultural extraordinario (sucedió con la primera Guardianes de la Galaxia, sobre personajes casi desconocidos pero con la franquicia "Marvel" detrás), es difícil que una serie de filmes se instale para ser negocio. Eso explica el eterno retorno de Star Wars, e incluso así depende de que su resultado iguale al episodio anterior para que se vea como un éxito. Lo más grave: los exhibidores globales, para "salvar" el negocio, imponen este puñado de filmes cada vez en más salas, lo que en lugar de hacelo crecer restringe al público, mucho del cual hoy se refugia en el SVOD. El 2017 es el año en el que se probó que el modelo "tentpole" debe cambiar. O, más tarde o más temprano, se acabará el negocio.