Hollywood Reporter dio a conocer un estudio firmado por la consultora estadounidense Ampere Analysis que marca definitivamente un cambio para el negocio del cine y de la televisión. Según el estudio, en 2019 los ingresos de las empresas de video on demand (VOD o SVOD) serán superiores a los del cine convencional por primera vez. Los números proyectados son elocuentes: por suscripciones globales, se espera que los on demand ingresen unos u$ 46.000 millones, mientras que la recaudación cinematográfica total se calcula por debajo de los u$ 40.000 millones. Esto no implica una "muerte del cine" en tanto arte, sino un cambio definitivo en la manera como se explotan los contenidos audiovisuales.

Los ingresos por suscripción ya son superiores a los del cine en los Estados Unidos desde 2017, y se espera que el Reino Unido siga esos mismos pasos cuando se realice el balance de 2018. China debería seguir esos mismos pasos en 2019 y el estudio marca que en Europa Occidental los servicios on demand -liderados por Netflix y Amazon Prime- crecen mientras que las recaudaciones en sala se mantienen estables.

Los on demand superarán en u$s6.000 millones los ingresos de los multipantallas

Para Ampere, la principal razón por la cual se da este cambio de uso consiste en que las entradas cinematográficas son demasiado caras en comparación con un abono mensual de servicio de streaming. Hay disparidades, de todos modos, entre los quince mercados consultados. En México, donde la entrada cuesta u$ 2,5 promedio, el streaming (alrededor de u$ 10) es mucho más caro. En la península escandinava, una entrada cuesta u$ 13 promedio contra los u$ 10 del streaming. En la Argentina, la entrada al cine ronda los u$ 3,5. En general es cierto que es más barato. También -y aquí un dato importante- que en todos los mercados quienes tienen SVOD son quienes más van al cine al mismo tiempo. En Japón, por ejemplo, un abonado al SVOD va tres veces más al cine que alguien que no accede a este tipo de plataformas.

Lo que Ampere recomienda es cambiar el precio de la experiencia cinematográfica. Que existe una gran avidez por estos contenidos, pero que el usuario busca la alternativa más económica, conseguir lo máximo posible por la misma cantidad de dinero. El problema de bajar el precio de las entradas es que eso afecta el costo de producción, cada vez más grande. En ese punto, la alianza entre exhibición en sala y streaming podría ser una solución. Que los servicios se complementen en lugar de competir podría sostener a los cines.