En 2017, el sistema Moviepass (pagar un fee mensual de alrededor de u$s10 para tener una entrada al cine "gratis" por día) parecía ser la panacea para las salas vacías que se incrementan en casi todo el mundo. Pero Moviepass tiene problemas financieros y, además, no es dueño de las salas. Hace casi dos meses, la cadena estadunidense AMC, el mayor exhibidor de ese país y uno de los más grandes del mundo, lanzó su propio programa de suscripción: por u$s19,95, el abonado puede ver hasta tres películas por semana. Las diferencias son grandes: en primer lugar, Moviepass solo permite entradas para películas en 2D tradicional, mientras que el abonado de AMC puede ver filmes en formato 3D o Imax sin restricción. Mientras salía a la venta esta suscripción nueva, Moviepass tenía que subir su abono a u$s14,95 y permitir un tope de tres entradas por mes. En ese tiempo, las suscripciones de AMC saltaron de 175.000 a 260.000. Es decir, muchos "salieron" de Movipass para entrar a AMC. Hoy, a casi dos meses, los abonados de la cadena implican el 5% de las entradas que emite.

Veamos en detalle qué está pasando. Para explicarlo en una sola palabra: concentración. Los dueños de los cines, especialmente las cadenas enormes como en este caso, tienen un gigantesco poder de fuego. Gran parte del negocio de la exhibición cinematográfica (en todo el mundo) pasa por cosas diferentes de las películas: las mayores ganancias se obtienen en los candy bar. Pero eso requiere que el público vaya a los cines (de allí que existe una tensión entre la exhibición en salas y el streaming, y se resista el "day and date", el estreno en digital hogareño a la par que el estreno en salas). Por lo tanto, no es descabellado promover un sistema que "baje" el precion de la entrada de manera tal que la afluencia de público sostenga el negocio. Moviepass tiene un gran problema: no tiene cines. Acuerda con las salas o las cadenas de exhibición, pero les paga el precio completo de cada entrada que retiran sus abonados. Eso solo funciona si son muchos más los ingresos por los abonos que las entradas efectivamente emitidas. Pero el balance parece no funcionar "desde afuera" de la exhibición. AMC puede "subsidiar" las entradas con las ganancias de otros productos. Moviepass, no.

Es decir: es probable que en el futuro el modelo que creó Moviepass se convierta en una especie de estándar para las exhibidoras, que terminarán funcionando como "clubes" de cine y compitiendo con su propia marca. Pero eso también implica que se quedarán con un negocio más, y que el panorama de innovación en este campo se volverá cada vez más controlado, como puede suceder en el mundo de las OTT una vez que las grandes productoras ingresen de lleno a un negocio que, por ahora, domina Netflix a nivel global. La transición es apasionante.

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