Podría decirse que la industria del entretenimiento se mueve en círculos y será bastante cierto. Cada tanto, las empresas que más dinero gastan en la creación de productos audiovisuales vuelven a algún material previamente testeado y exitoso. En general el éxito previo es un requisito, como lo sabe Hollywood desde que Griffi th adaptó The Clansman e hizo El nacimiento de una nación en 1915. El truco es simple: nada es más difícil que explicarle al público qué es lo que va a ver. Nada es más complicado que instalar una marca y, dados los costos crecientes de este tipo de producciones, es difícil que el gran dinero se arriesgue en cosas nuevas. La explicación vale en parte para entender por qué Amazon prepara una serie que adapte la novela de fantasía de J.R.R. Tolkien El Señor de los Anillos, que ya se encuentra en estado de desarrollo aunque aún no tiene fecha de lanzamiento.

El antecedente es la trilogía fílmica estrenada entre 2001 y 2003, dirigida por Peter Jackson (que luego le dio el mismo tratamiento a El Hobbit). El Señor de los Anillos recaudó un total de más de u$s6.000 millones en todo el mundo, y el libro sigue agotando ediciones desde su salida en 1954. Implica pues una marca absolutamente instalada. Según la gente de Amazon, la serie tomará algunas “líneas narrativas” no desarrolladas en los libros publicados por el autor inglés en vida. Eso significa bucear en el material publicado por el hijo del escritor, Christopher Tolkien, a partir de 1977. El acuerdo con los detentores de los derechos no incluye El Silmarillion, piedra basal de la particular mitología del autor.

vAmazon ya ha experimentado, con buenos resultados, con la adaptación de una novela de ciencia fi cción o fantástica, Man in the High Castle, una ucronía donde el Tercer Reich ganó la Segunda Guerra Mundial y que fue escrita por Phillip K. Dick. Ahora el desafío es mucho más grande. La orden de Jeff Bezos, que quiere relanzar la creación de contenidos, es tener algo del estilo de Game of Thrones. Y aquí es donde todo se muerde la cola, dado que Canción de hielo y fuego, el ciclo de novelas de George R.R. Martin sobre el que se basa GoT nació como un homenaje a Tolkien.

Volviendo entonces al principio, las causas por las que Amazon ha decidido recorrer para la pantalla chica el universo de la Tierra Media y aledaños es simple y sencillamente económico. Pero también tiene un riesgo: las comparaciones. Más allá de que hay ciertos contenidos “adultos” que no pueden incorporarse en una adaptación de Tolkien a cualquier medio (el erotismo, dicho llanamente, carece en absoluto de lugar) los libros son demasiado conocidos y los fans quieren una experiencia completa y fi el. Lo mismo sucede con los fans de las películas que no leyeron el libro. De allí que, además del dinero que cuestan los derechos y los enormes costos de producción de televisión de calidad hoy, el riesgo sea enorme. Incluso con una marca tan universal.