Algo curioso sucedió esta semana. Se publicó la recaudación estimada que tendrá la nueva entrega de Star Wars, Episodio VIII: los últimos Jedi, en varios sitios estadounidenses, especialmente Variety. Los números, basados en consultoras (que no se mencionan) indican un debut estadounidense de, por lo menos, u$s200 millones, lo que la colocaría como el cuarto estreno más grande en ese territorio después de Episodio VII (2015, u$s248 millones), Jurassic World (2015, u$s208 millones) y Los Vengadores (2012, u$s206 millones). Esto suena como música para los oídos de Disney, dueña de la franquicia Star Wars. Pero es interesante analizar con más detalle tanto la información como su peso. E

l negocio del blockbuster “tentpole” (es decir, la película masiva que “sostiene la carpa” -tentpolees un gran estudio cada año) está en un mal momento. El mercado se ha saturado y lo que se esperaba como año récord parece deslizarse a uno más bien normal, incluso con menos público que otros años. Muchas de las pelí- culas “del verano” boreal (desde Kong: la Isla Calavera, hasta Piratas del Caribe 5) funcionaron muy por debajo de lo estimado. Hubo incluso desastres notorios como El Rey Arturo, y debacles como Transformers 5. Las razones son varias: en parte que el público siempre quiere novedades, pero los estudios gastan demasiado dinero en sostener las películas de gran espectáculo, cada vez más caras, y sólo las arman alrededor de nombres ya probados con un público más o menos fi el que pueda garantizar la inversión.

Star Wars está bastante “blindada” como marca. Pero lanzar quince días antes que será un ré- cord de público es, de un modo nada disimulado, una forma de publicidad. Algo que se ha probado es que el público quiere “participar del evento” y, con las redes sociales, de la “conversación” del momento. Así que la publicación de la noticia instala esa conversación.

El fenómeno Star Wars, además, debe mirarse de manera relativa. Mientras que “tanques” de hoy logran mayor recaudación fuera de EE.UU. que dentro (el arranque de Liga de la Justicia, por ejemplo, fue de u$s158 millones fuera de su país y de u$s94 millones en él), con la saga de George Lucas pasó algo diferente: la mitad de sus u$s2.000 millones fueron del mercado local. En Argentina, además, apenas llegó al 1,5 millón de entradas vendidas, poco para un título de ese calibre. Habrá que ver si esa “localía” se revierte con esta nueva entrega. El marketing numérico ya está en marcha.

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Leonardo Desposito

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