Una de las películas más paradójicas de la historia (comercial) del cine es Cleopatra (1962), dirigida por Joseph Manckiewicz. No es una obra maestra como la mayoría de las películas del director (el hombre que nos dio La malvada y La condesa descalza, nada menos) aunque podría haberlo sido. Fue pensada como una película clase B para lucimiento de la estrella (clase B) Joan Collins pero, bueno, pasaron cosas y el filme terminó siendo vehículo para Elizabeth Taylor. A la fecha, si uno actualiza todos los costos, sigue siendo la película más cara de la historia. En el medio, la Taylor casi se muere, el presupuesto se fue a las nubes, apareció Richard Burton -y la pasión entre él y la Taylor, una de las parejas más mitológicas del siglo XX a puro sexo y whisky- y mil millones de rescrituras de guión. Amén de que la diva tenía un seguro que hizo valer por cada retraso en el rodaje. En fin, fue un desastre absoluto que llevó casi a la bancarrota a la Fox. Para que se den una idea, la Fox recién levantó cabeza en 1977, quince años después, cuando una peliculita que también se había ido de presupuesto resultó una sensación universal, Star Wars. Pero esa, diría Kipling, es otra historia.

El porno se permitía mostrar y probar cosas que lo acercaban muchas veces -incluso a pesar suyo- a la vanguardia

Paradójica, dijimos, porque Cleopatra, a pesar de ser un desastre económico, es también una de las películas más taquilleras de la historia. Anda por el puesto 41 entre los 50 filmes más vistos en los EE.UU. (y más o menos lo mismo en el mundo) si se ajusta por inflación el precio de las entradas. El personaje es uno de los más revisitados por el cine, probablemente el carácter femenino que más veces se llevó a la pantalla, desde versiones mudas hasta este mega desastre sonoro. Y es interesante: gobernante de Egipto cuando la invasión romana a cargo de Julio César, igual sostuvo una alianza política que le permitió gran autonomía, incluso formando parte del Imperio una vez muerto César y tras la asunción de Octavio Augusto como Primer Emperador. Era bella y enamoró a César, con quien tuvo un hijo (Cearion) pero quizás el mundo la conoce mejor por las tragedias de Shakespeare que por el rigor histórico. De todos modos, en estos casos es mejor imprimir la leyenda.

Es obvio que el cine pornográfico no iba a perderse hacer películas con Cleopatra, peligrosa seductora, mítica erotómana (en realidad, sí, más "mítica" que real a juzgar por lo que los historiadores han podido descubrir del personaje que sí, se bañaba en leche pero no, no se mató con un áspid ni, como decían Los Twist, tenía "miedo al spray") y personaje que desafió a la persona más poderosa del mundo y, en sus propios términos, terminó ganándole. Es probable que la fama sexual del personaje sea una forma de "masculinizarla" o disolver su empoderamiento, dicho sea de paso. Como fuere, desde que Pascal dijera que si la nariz de Cleopatra hubiera sido más corta, otra hubiera sido la historia del mundo (parece que los romanos gustaban de las narices largas, y la frase también se le atribuye a Cicerón, que la conoció en persona), el personaje resulta fascinante y una de las encarnaciones más potentes de la seductora con poder.

En Eroticage.net, el curioso puede acceder a The Notorious Cleopatra, una película pornográfica que hoy sería considerada "soft" en cierto sentido (prácticamente no hay planos de sexos masculinos, aunque sí muchísimo sexo y bastante de sátira, no siempre en el lugar adecuado). La dirigió Peter Perry Jr. (un gusto, siéntese por ahí) con más gusto por la decoración que por la cámara y la reina egipcia es interpretada por Sonora, una estrella de aquel primer porno que hacía lo posible -a veces lo imposible- por evadir la censura. En este caso, al no haber planos de penetración, se está más o menos a salvo. Es interesante el hecho de que, de todos modos, resulta bastante efectiva como pornografía. Pero es mucho, muchísimo más efectiva como documento de que el pasado es un poco diferente de lo que parece de acuerdo con los libros.

El filme se hizo en plena lucha por los derechos sociales de los negros y tras el asesinato de Martin Luther King, Nuestra Cleopatra es negra, y Sonora tuvo más que fama en aquellos años. Pero el cast no es negro sino blanco. Además, el personaje central tiene una amante rubia y blanquísima con la que tiene una extensa secuencia sáfica. Estos dos detalles habrían bastado para desatar un escándalo: sexo interracial lésbico es algo que superaba entonces los límites de lo permisible incluso en aquellos años previos a la legalización del porno en los Estados Unidos. Y sin embargo, es visible. Algo en la sociedad estadounidense era un poco más tolerable. Permite pensar que los cambios llegan no cuando se los fuerza sino cuando las sociedades han madurado y dejan de ver como algo "malo" aquello que no debería serlo. Pero uno no es historiador ni sociólogo, así que dejemos este asunto en el plano de la hipótesis.

Es probable que la idea de una Cleopatra sedienta de sexo sea una forma de “masculinizar” a una política hábil y empoderada

La película tiene un generoso despliegue de vesturario y, si bien es más que torpe en cuanto a la dirección de actores (Marco Antonio tiene la capacidad interpretativa de un pino petrificado, e incluso el mismo sex-appeal) tiene tres elementos curiosos. El primero, un montaje bastante vertiginoso que, en las secuencias sexuales, resulta muy efectivo: corta un plano cuando más queremos ver, sin por eso ahorrarnos detalle. Eso crea un constante suspenso, una constante ansiedad por seguir mirando. El segundo, la banda de sonido. Es rock y pop de una psicodelia experimental absoluta. Como si la misma libertad física que los actores ejercen (o la libertad del director con la historia real y con Shakespeare, al que le roba diálogos todo el tiempo) se trasladara a la composición. Por momentos, la conjunción de ciertas imágenes y la música resulta pura vanguardia. Al respecto, busque una toma subjetiva de una chica tomada desde abajo, como si fuera la mirada del hombre sobre el que está subida: ese plano extraño con música extraterrestre vale toda la película. Y la tercera, que la cámara acompaña incluso dejando de lado el trípode, siempre en busca de "meter" al espectador en la ficción. El porno, siempre marginal, de podía permitir estas cosas: el sexo era el precio a pagar por el ejercicio iconoclasta.

Ver más productos

Francisco inédito: el silencioso camino de fe que lo llevó hasta el Vaticano

Francisco inédito: el silencioso camino de fe que lo llevó hasta el Vaticano

#ElChacal, el personaje que te informa.

Cómo surgió #ElChacal, el personaje que te informa y divierte

En cronishop.com.ar podés encontrar algunos de los mejores vinos y espumantes del mercado.

¿Cómo atraer a los Millennials al mundo del vino?

Ver más productos