BERLIN, ALEMANIA - ENVIADO ESPECIAL. Al final de cada año, las versiones sobre cuáles serán los filmes argentinos que llegarán a la Berlinale se multiplican. Los comentarios que circulaban entre noviembre y diciembre del año pasado hablaban de una presencia nacional incluso más numerosa. El extendido número en la edición 2018 sumaba credibilidad a esas versiones. Pero no es tan habitual que esos guarismos se repitan todos los años; además, la cantidad de películas argentinas que se proyectaron o van a proyectarse durante la muestra sigue siendo llamativa.

Tras haber estado presente en la 68° Berlinale con Malambo, el hombre bueno, Santiago Loza repite en la extendida y prestigiosa sección Panorama con Breve historia del planeta verde. El hecho de que el director de Los labios (con Iván Fund) y La paz incluya alienígenas en una película suya habla también de cuán errado es eso de considerar al cine argentino como uniforme y cómo podemos equivocarnos cuando pretendemos encasillar a un director en una determinada temática o acercamiento formal. En la misma sección tuvo su premier mundial el primer largometraje de Mateo Bendesky (cuyo corto Nosotros solos, estrenado en el BAFICI de 2017 fue luego programado en Toronto y Rotterdam), Los miembros de la familia, cariñosa y excéntrica historia de crecimiento y duelo. Adolescencia y duelo comparten elementos relacionados con la incertidumbre y el dolor, la rabia y la contradictoria sensación de que todo (o casi) es posible. Sensible e inteligente en la dosificación de la información, esta road movie sin viaje (el paro de transporte que deja varados a los hermanos protagonistas en la costa argentina en invierno lo impide) nos regala un emocionante trabajo de Tomás Wicz y Lalia Maltz en los papeles centrales. También en Panorama aparecen las coproducciones con República Dominicana y México, La fiera y la fiesta, dirigida a cuatro manos por Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas; y con Colombia, Holanda, Alemania, Suecia y Uruguay, Monos, de Alejandro Landes.

Un elemento que hace pensar que, pese al mal momento que atraviesa la competencia oficial (desde hace unos cuantos años), la Berlinale es un festival que sigue siendo relevante para la cultura cinéfila global es la mirada que tiene sobre la juventud y el porvenir (las secciones Generation y Generation Kplus, en las que, por ejemplo, participó Darío Mascambroni con las excelentes Primero enero y Mochila de Plomo) y el acento que sigue poniendo en los cortometrajes (bastante ausentes en otras muestras). La representación argentina es ciertamente un lujo. En Berlinale shorts Manuel Abramovich (Solar, Soldado, Años luz) estrena Blue boy y el impar Martín Rejtman (Rapado, Silvia Prieto, Los guantes Mágicos, Dos disparos), Shakti. Por su parte, en la citada Generation K Plus Santiago Reale presenta su corto Los rugidos que alejan la tormenta y Delfina Gavaldá y Carmen Rivoira hacen lo propio con el suyo, Mientras las olas. Por último, en la más académica y poblada de propuestas pensadas para la cinefilia más dura sección Forum se verá el largo Nieve, de Verena Kuri y Laura Bierbrauer.

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